"Unidos en Cristo para Evangelizar"
24 de Febrero de 2021
Hay una sola vida
 


¿Cuál es la visión cristiana de la muerte y la resurrección? ¿Es compatible con la creencia en la reencarnación y la transmigración?

Dentro de las diferencias existentes entre el cristianismo y otras religiones una radical es la creencia en la reencarnación y en la transmigración.

La reencarnación alude a la posibilidad que el alma pueda pasar a distintos cuerpos humanos sucesivos.

La transmigración, en cambio, proclama que el alma humana puede pasar a un cuerpo de otro animal o de una la planta y viceversa.

Para los creen en la reencarnación existe un ciclo sin fin. Para algunos ello es el resultado de las buenas o malas acciones que van recibiendo premio o castigo a través de sucesivas vidas. Otros proclaman que en el transcurso de una misma vida es posible ir muriendo y renaciendo cada vez.

Nuestra Fe proclama algo radicalmente diverso:

“1) La Iglesia cree en la resurrección de los muertos”. “2) La Iglesia entiende que la resurrección se refiere a todo el hombre: para los elegidos no es sino la extensión de la misma Resurrección de Cristo a los hombres”. “3) La Iglesia afirma la supervivencia y la subsistencia, después de la muerte, de un elemento espiritual que está dotado de conciencia y de voluntad, de manera que subsiste el mismo «yo» humano. Para designar este elemento, la Iglesia emplea la palabra «alma», consagrada por el uso de la Sagrada Escritura y de la Tradición. Aunque ella no ignora que este término tiene en la Biblia diversas acepciones, opina, sin embargo, que no se da razón alguna válida para rechazarlo, y considera al mismo tiempo que un término verbal es absolutamente indispensable para sostener la fe de los cristianos”. “7) “La Iglesia, en una línea de fidelidad al Nuevo Testamento y a la Tradición, cree en la felicidad de los justos que estarán un día con Cristo. Ella cree en el castigo eterno que espera al pecador, que será privado de la visión de Dios, y en la repercusión de esta pena en todo su ser. Cree, por último, para los elegidos en una eventual purificación, previa a la visión divina; del todo diversa, sin embargo, del castigo de los condenados. Esto es lo que entiende la Iglesia, cuando habla del infierno y del purgatorio” (Puntos 1, 2 y 7, Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología, Congregación para la Doctrina de la Fe, 17 de mayo de 1979).

En el cristianismo no cabe la reencarnación ni menos una cadena de transmigraciones. Cada uno de nosotros es un ser único e irrepetible, que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, y que ha sido salvado por Jesús en la cruz.

Para los cristianos no hay más que una vida y por ello conviene que la vivamos de cara a Dios. En este punto es conmovedora la fórmula de la liturgia de difuntos, cuando pedimos para el que partió: Al paraíso te lleven los ángeles. A tu llegada te reciban los mártires y te introduzcan en la ciudad santa de Jerusalén”.

Si creyéramos en la transmutación o la reencarnación del alma, la muerte de cada ser debería provocar una serie de preguntas que, tarde o temprano,  nos dejarían en la más profunda angustia y desesperanza: ¿En quién se habrá reencarnado mi papá? ¿A qué animal o planta habrá transmigrado mi abuelo? ¿No existirá alguien con poder suficiente para ordenar que termine este ciclo y nos deje descansar en paz? ¿Qué sentido tiene vivir diez mil vidas pasadas y no parar nunca de ir y volver? ¿Nunca tendré la posibilidad de encontrarme para siempre con los que quiero? ¿Qué me da más paz: saber que voy a resucitar en cuerpo y alma y podré reunirme con los míos o estar en un eterno retorno?

Esta Cuaresma es una etapa propicia para reflexionar sobre estos temas, contemplando a Jesús crucificado, que dio la vida por mí, para abrirme las puertas del cielo.

Pidamos a la Santísima Trinidad que nos permita entender que la Resurrección de Cristo es el principio y fuente de nuestra resurrección futura: “Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron [...] del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo” (1 Co 15, 20-22).

Crodegango

 

Imagen: Ícono de la Resurrección






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