"Unidos en Cristo para Evangelizar"
06 de Noviembre de 2020
San León Magno y la generosidad cristiana
 


"Dentro de los temas que abordó, y que nos puede ayudar a reflexionar está el de la limosna. En el contexto del Papa León, la miseria y el hambre eran algo común. Los refugiados que huían de los bárbaros se hacinaban en la ciudad de Roma y la autoridad no daba abasto para satisfacer las necesidades."

El próximo 10 de noviembre celebramos la memoria obligatoria de San León Magno. No hay noticias de cuando ni donde nació. Su pontificado (440-461) fue fecundo, aunque no exento de revueltas sociales, teológicas y eclesiales. Es la época del derrumbamiento del Imperio Romano, durante el siglo V, fruto de la incompetencia política de los gobernantes, de sus constantes guerras civiles y luchas cruentas por el poder, junto al avance de las invasiones bárbaras hostiles que significó el desplazamiento de millones de personas que huían de la violencia a lugares más seguros.

Es inolvidable lo acontecido en la primavera del 452, cuando Atila atraviesa los Alpes y se dispone a asediar Roma. El emperador Valentiniano III no contaba con ninguna fuerza militar que pudiera contrapesar al invasor. La masacre estaba garantizada. Para intentar el descalabro se solicita al Papa León encabezar una embajada. El Papa se constituyó para tal efecto en cabeza moral de la delegación. El invasor recibió al Papa en la ciudad de Mantua. La historia cuenta que el Papa avanzó solamente con la cruz y después de dialogar el jefe bárbaro decidió no atacar Roma.

San León También fue un predicador fecundo y piadoso. Su obra intelectual quedó contenida en varias cartas, homilías y sermones, que han pasado a la posteridad. Su fidelidad a Cristo llevaron a que fiera el primer Papa que pasó a la historia con el apelativo de “magno”.

Dentro de los temas que abordó, y que nos puede ayudar a reflexionar está el de la limosna. En el contexto del Papa León, la miseria y el hambre eran algo común. Los refugiados que huían de los bárbaros se hacinaban en la ciudad de Roma y la autoridad no daba abasto para satisfacer las necesidades.

Durante años el Papa insistiría a los fieles en la generosidad y la necesidad de dar limosna. Insistía el pontífice que la limosna permite situar las riquezas en su verdadero fin; que los bienes materiales no tienen ningún valor moral en sí mismos; que es el recto uso de ellos los que condenan o absuelven a su poseedor; que es el egoísmo la actitud que rompe la comunión que debe existir entre los hombres.

Son elocuentes las siguientes exhortaciones el Papa León: “ninguna devoción entre los fieles es más agradable a Dios que la que se consagra a los pobres; allí donde se encuentra los ciudadanos de la misericordia, se reconoce la imagen de su propia bondad” (sermón 35,5). “El ayuno sin la limosna no es tanto una purificación del alma como una pena inflingida al cuerpo, y es un asunto de avaricia más que de abstinencia, cuando se priva de alimento, ayunando también de misericordia (sermón 85, 2)”.

Al leer estas palabras de un hombre santo podemos preguntarnos con sinceridad: ¿Estoy apegado a las cosas?   ¿Ando demasiado pendiente del dinero y los bienes materiales?  ¿Soy generoso con las necesidades de la Iglesia? ¿Soy generoso o egoísta con los bienes materiales? ¿Cuándo fue la última vez que pagué mi aportación del 1%, pudiendo hacerlo?

Crodegango






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