"Unidos en Cristo para Evangelizar"
10 de Diciembre de 2020
¿Y el eclipse de la conciencia?
 


Sobre la práctica tan olvidada y sana del examen de consciencia

En estos días presenciaremos nuevamente un eclipse, fenómeno astronómico donde un astro oculta o ensombrece otro. Hay eclipses lunares y solares.

Sin embargo, la palabra eclipse tiene un alcance más extenso, tal como lo revela su etimología latina eclipsis y éste de la palabra griega ?κλειψις, que significa desaparición.

En nuestra la vida espiritual, si nos descuidamos, pueden producirse varios eclipses que terminan oscureciendo nuestra conciencia moral, la que deja de recibir la sabiduría que nos viene de Dios. Efectivamente, Dios regala la sabiduría a los hombres y gracias a ella estos pueden conducir su vida rectamente, leyendo y discerniendo la voluntad del Nuestro Creador para todos los sucesos de nuestra existencia. Cuando el dictamen de la conciencia coincide con la voluntad de Dios se dice que la conciencia es verdadera; si no coincide con la voluntad de Dios es una conciencia errónea.

Estos fallos de la conciencia humana son un factor relevante para explicar varios sucesos que en un hombre y mujer de bien tendrían que causar estupefacción. Por ejemplo, la regulación legal del aborto ha dejado más indefenso al nasciturus que al huemul o al zorro chilote (desde la aprobación de la ley el 2017 se han practicado 1524 abortos); la vulgaridad cultural tiene asegurado horarios de privilegio en la televisión, embruteciendo a miles de personas; la comisión de actos de abusos sexuales por algunos religiosos es un escándalo que nos deja atónitos; la falta de honestidad de algunos políticos produce un desencanto que socaba las instituciones y pone en riesgo la paz social; la promoción y defensa de leyes inmorales, como las que busca legalizar uniones contra la naturaleza o exterminar “a los que sobran” por razones de “buen morir”. La lista puede ser engrosada sin dificultad, pero lo que aquí interesa es considerar el examen de conciencia, como uno de los medios de que disponemos los cristianos para evitar el eclipse de nuestra mente y desde ahí cumplir el encargo de evangelizar.

El examen de conciencia es una práctica de piedad que nos permite estar en permanente vigilia y advertir, con tiempo, las manifestaciones que eviten alejarnos de Dios. Y en los casos que caigamos, pararnos con humildad para seguir la lucha.

Nos conviene realizar diariamente este balance sincero de nuestras acciones y omisiones. No debe durar más que unos minutos. Puede ser útil ejecutarlo formulando tres preguntas de cara a Dios: ¿Qué he hecho bien? ¿Qué he hecho mal? ¿Qué puedo hacer mejor mañana? Para que sea eficaz, conviene comenzar con una oración. El objetivo final de esta práctica piadosa es descubrir los fallos del día y pedir perdón a Dios por ello. También me sirve para verificar si los propósitos que me he propuesto en mis luchas personales producen frutos concretos en el amor a Dios y al prójimo, en honradez, en la santa pureza, en la laboriosidad, etc. También es útil pedir al Espíritu Santo que nos de luces para que esta diaria rendición de cuentas sea fructífera en deseos de conversión.

El examen debe terminar con un propósito concreto, que debe ser siempre práctico. Por ejemplo: debo ir a visitar a mis abuelos; debo trabajar de manera seria y evitar improvisaciones; debo ser puntual; debo evitar ver ese programa de televisión inmoral; debo comer y beber con moderación; no debo ver páginas inadecuadas en internet; debo confesarme pronto; debo poner los medios para formarme intelectualmente como cristiano; debo ser generoso con los que más necesitan; etc.

Pidamos a Santa María, que es el Trono de la Sabiduría y Refugio de los Pecadores, que este Adviento nos ayude a incorporar en mi vida el examen diario de nuestra conciencia.

Crodegango






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