"Unidos en Cristo para Evangelizar"
07 de Enero de 2021
Bautismo de los niños y las vacunas
 


La importancia del baustimo nos debe llevar a no dilatar este sacramento para los niños pequeños

En el tiempo litúrgico el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía la Iglesia celebra el bautismo de Cristo. Este año se celebra el domingo 10 de enero de 2021, finalizando el tiempo de Navidad.

El hecho que Cristo se hiciera bautizar nos debe dar una señal acerca de la relevancia de este sacramento. En el Evangelio de San Mateo se describe el efecto que ello provocó: “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. 17 Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”(Mt 3, 16-17).

En el Nuevo Testamento son recurrentes las palabras de Jesús sobre este sacramento. De modo imperativo nos dijo: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19).

Por varias razones dentro de la sociedad descristianizada, que los católicos estamos invitados a cambiar, un fenómeno palpable es la mentalidad de algunos de querer dilatar el bautizo de los niños. El debilitamiento de la familia como ámbito natural para transmitir la fe, y una visión equivocada acerca de la libertad son causas de este fenómeno. 

No es infrecuente oír a algunos padres que no quieren bautizar a sus hijos, con el pretexto de dejar “que ellos elijan cuando sean grandes”. Ojalá, por el bienestar de esas indefensas criaturas, no extiendan esa tesis libertaria a la salud física del menor. 

No es coherente sostener que mientras el menor no tenga uso de razón no sea iniciado en la vida cristiana, hasta que no lo pida expresamente. Si aplicara ese razonamiento a las vacunas la tasa de mortalidad iría en aumento, puesto que los infantes no están en condiciones de pedir su inoculación. Todo buen padre sabe que su hijo requiere varias vacunas desde sus primeros días de vida hasta los 11 años, como la mejor defensa a las enfermedades que lo amenazan. En el caso de privar al menor del sacramento del bautismo, lo dejan sin las defensas espirituales que nos proporcionan los sacramentos. En el Catecismo se lee: “los padres cristianos deben reconocer que esta práctica corresponde también a su misión de alimentar la vida que Dios les ha confiado” (CIC 1251).

Tampoco faltan los que al ver que muchos que han sido educados cristianamente abandonan con facilidad la fe, se preguntan si no es mejor ser más exigentes antes de bautizar a los niños. Piensan que mientras no se pueda obtener un compromiso personal, es mejor dilatar el bautismo, aunque ello signifique esperar a la edad adulta.

Para reflexionar y profundizar en este este tema conviene examinar una Instrucción sobre el bautismo de los niños, dada por la Congregación para la Doctrina de la Fe (20.X.1980) en la que se lee: 

4. Tanto en Oriente como en Occidente, la praxis de bautizar a los niños es considerada como una norma de tradición inmemorial. Orígenes, y más tarde San Agustín, ven en ella una «tradición recibida de los Apóstoles». Cuando en el siglo II aparecen los primeros testimonios directos, ninguno de ellos presenta jamás el bautismo de los niños como una innovación. San Ireneo, en particular, considera obvia la presencia entre los bautizados «de niños pequeños y de infantes», al lado de adolescentes, de jóvenes y de personas adultas. El más antiguo ritual conocido, que describe al principio del siglo III la Tradición Apostólica, contiene la prescripción siguiente: «Se bautizará en primer lugar a los niños; todos los que pueden hablar solos, que hablen; por los que no pueden hacerlo, que hablen sus padres, o alguno de su familia». San Cipriano, en un Sínodo de Obispos Africanos, afirmaba «que no se puede negar la misericordia y la gracia de Dios a ningún hombre que viene a la existencia»; y el mismo Sínodo, invocando la «igualdad espiritual» de todos los hombres «de cualquier estatura y edad», decretó que se podían bautizar los niños «a partir del segundo o tercer día del nacimiento».

La Iglesia, consciente de la necesidad de administrar prontamente este sacramento de iniciación de la vida cristiana, contempla varias posibilidades. Son ministros ordinarios del Bautismo el obispo y el presbítero y, en la Iglesia latina, también el diácono. En caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. La Iglesia ve la razón de esta posibilidad en la voluntad salvífica universal de Dios y en la necesidad del Bautismo para la salvación (CIC 1256).

Pidamos a la Santísima Trinidad que de luces de entendimiento a los padres, para que con toda prontitud pidan a la Iglesia la gracia bautismal que todo niño necesita.

 

Crodegango

En el tiempo litúrgico el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía la Iglesia celebra el bautismo de Cristo. Este año se celebra el domingo 10 de enero de 2021, finalizando el tiempo de Navidad.

El hecho que Cristo se hiciera bautizar nos debe dar una señal acerca de la relevancia de este sacramento. En el Evangelio de San Mateo se describe el efecto que ello provocó: “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. 17 Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”(Mt 3, 16-17).

En el Nuevo Testamento son recurrentes las palabras de Jesús sobre este sacramento. De modo imperativo nos dijo: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19).

Por varias razones dentro de la sociedad descristianizada, que los católicos estamos invitados a cambiar, un fenómeno palpable es la mentalidad de algunos de querer dilatar el bautizo de los niños. El debilitamiento de la familia como ámbito natural para transmitir la fe, y una visión equivocada acerca de la libertad son causas de este fenómeno. 

No es infrecuente oír a algunos padres que no quieren bautizar a sus hijos, con el pretexto de dejar “que ellos elijan cuando sean grandes”. Ojalá, por el bienestar de esas indefensas criaturas, no extiendan esa tesis libertaria a la salud física del menor. 

No es coherente sostener que mientras el menor no tenga uso de razón no sea iniciado en la vida cristiana, hasta que no lo pida expresamente. Si aplicara ese razonamiento a las vacunas la tasa de mortalidad iría en aumento, puesto que los infantes no están en condiciones de pedir su inoculación. Todo buen padre sabe que su hijo requiere varias vacunas desde sus primeros días de vida hasta los 11 años, como la mejor defensa a las enfermedades que lo amenazan. En el caso de privar al menor del sacramento del bautismo, lo dejan sin las defensas espirituales que nos proporcionan los sacramentos. En el Catecismo se lee: “los padres cristianos deben reconocer que esta práctica corresponde también a su misión de alimentar la vida que Dios les ha confiado” (CIC 1251).

Tampoco faltan los que al ver que muchos que han sido educados cristianamente abandonan con facilidad la fe, se preguntan si no es mejor ser más exigentes antes de bautizar a los niños. Piensan que mientras no se pueda obtener un compromiso personal, es mejor dilatar el bautismo, aunque ello signifique esperar a la edad adulta.

Para reflexionar y profundizar en este este tema conviene examinar una Instrucción sobre el bautismo de los niños, dada por la Congregación para la Doctrina de la Fe (20.X.1980) en la que se lee: 

4. Tanto en Oriente como en Occidente, la praxis de bautizar a los niños es considerada como una norma de tradición inmemorial. Orígenes, y más tarde San Agustín, ven en ella una «tradición recibida de los Apóstoles». Cuando en el siglo II aparecen los primeros testimonios directos, ninguno de ellos presenta jamás el bautismo de los niños como una innovación. San Ireneo, en particular, considera obvia la presencia entre los bautizados «de niños pequeños y de infantes», al lado de adolescentes, de jóvenes y de personas adultas. El más antiguo ritual conocido, que describe al principio del siglo III la Tradición Apostólica, contiene la prescripción siguiente: «Se bautizará en primer lugar a los niños; todos los que pueden hablar solos, que hablen; por los que no pueden hacerlo, que hablen sus padres, o alguno de su familia». San Cipriano, en un Sínodo de Obispos Africanos, afirmaba «que no se puede negar la misericordia y la gracia de Dios a ningún hombre que viene a la existencia»; y el mismo Sínodo, invocando la «igualdad espiritual» de todos los hombres «de cualquier estatura y edad», decretó que se podían bautizar los niños «a partir del segundo o tercer día del nacimiento».

La Iglesia, consciente de la necesidad de administrar prontamente este sacramento de iniciación de la vida cristiana, contempla varias posibilidades. Son ministros ordinarios del Bautismo el obispo y el presbítero y, en la Iglesia latina, también el diácono. En caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. La Iglesia ve la razón de esta posibilidad en la voluntad salvífica universal de Dios y en la necesidad del Bautismo para la salvación (CIC 1256).

Pidamos a la Santísima Trinidad que de luces de entendimiento a los padres, para que con toda prontitud pidan a la Iglesia la gracia bautismal que todo niño necesita.

 

Crodegango






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