"Unidos en Cristo para Evangelizar"
02 de Diciembre de 2015
¡Viene el Hijo de Dios!
 


II Domingo de Adviento

El próximo domingo 6 de Diciembre, estaremos celebrando nuestro II Domingo de Adviento y en misa de 12:00 hrs. se realizará una bendición para las mamás embarazadas. 

Además, queremos compartirles la importancia de vivir esta época con la reflexión que amerita terminar un año más de nuestra vida y llegar a vivir nuevamente la Navidad.

¡Viene el Hijo de Dios!

Imagina que te llega una carta diciendo que en cuatro semanas, llegará a tu casa a hospedarse, el Hijo de Dios. ¡Qué honor! ¿Cómo a mi casa? ¿Qué haría yo? Por supuesto no me quedaría sentado y dejaría pasar el tiempo para preparar el recibimiento. Manos a la obra:
1) Hay que hacer una buena limpieza de la casa.
2) Hay que recoger el tiradero, el desorden, poner orden en casa.
3) Hay que adornar, pintar, poner flores, que se vea más bonita la casa.
4) Hay que preparar con alegría el recibimiento

1) TIEMPO DE LIMPIAR

¿Me atrevería a recibir al Hijo de Dios, en una casa llena de suciedad? Imposible. De igual manera, Jesús no podría hospedarse en mi alma, si esta está llena de pecado.

- La mejor manera de preparar mi alma para la venida del niño Jesús es reflexionando, qué cosas me separan de Dios. Haré un examen profundo, pensando con cuales de mis actos le ofendo. Después me esforzaré por hacer una buena CONFESIÓN, pidiendo de corazón a Dios perdón por haberle ofendido a El que tanto me ama. Finalmente, haré un firme propósito de enmendarme, de poner los medios concretos para cambiar.
- Veré que una vez con el alma limpia, estaré mucho mejor dispuesto para seguir con los preparativos.

2) TIEMPO DE ORDENAR

- Es muy fácil volver a ensuciar la casa, si el tiradero, y el desorden no se quitan. De igual modo, será fácil volver a ensuciar mi alma, si no ordeno mis ideas, mis creencias, mis prioridades.
- Poner prioridades, significa pensar qué es lo primero importante en mi vida, qué es lo segundo, qué es lo tercero...
- Pensaré que para todo católico lo más importante debiera ser, vivir de manera que logre llegar al cielo, a vivir toda la eternidad, infinitamente feliz con Dios.

- Recordaré las palabras de Jesús cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más grande: "Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y amarás a tu prójimo como a ti mismo".
- Me sorprenderé al reflexionar, en cuántas cosas invierto mi tiempo, mi esfuerzo, mi vida, que nada tienen que ver con lo anterior, y cuan poco tiempo invierto en cultivar mi oración, los sacramentos, las virtudes, el amor, las obras de caridad, el perdón...
- Tal vez todos coincidamos en que lo segundo más importante es hacer felices y hacer sentir amados a aquellos que amamos. ¿Cuánto tiempo dedico realmente a esto? Muchas veces, me preocupo más por las cosas, que por las personas.
- Y así podría seguir, poniendo en su lugar las cosas de mi vida. Esta segunda semana de adviento escribiré las 5 cosas más importantes para mi salvación y qué pienso hacer para lograrlas. También escribiré 5 cosas en las que pierdo el tiempo y no son importantes.

3) TIEMPO DE ADORNAR

- Una vez limpia y ordenada la casa, ahora sí se puede adornar. ¿Cómo adorno mi alma para recibir al Hijo de Dios dignamente?
- El alma se embellece con las virtudes. Cultivando las acciones buenas y las actitudes buenas, por ejemplo siendo sencillo, sirviendo o haciendo favores a los demás, siendo amable, hablando bien de los otros, ayudando a aquel que está más amolado que yo, aceptando y teniendo paciencia con aquel que me cuesta, perdonando a aquel que me ofendió...
- Esta tercera semana trataré de llenar mi alma de muchas obras buenas. Además al finalizar la semana reflexionaré cuan feliz me hizo el ser bueno y a cuántas personas di también felicidad. ¿No valdría la pena seguir así aunque acabe el Adviento?

4) TIEMPO DE ALEGRÍA

- ¡Todo preparado en la casa! Ahora es tiempo de pensar en EL INVITADO. El invitado es nada más y nada menos que Jesucristo, el hijo de Dios.
- La más grande prueba de que Dios nos ama infinitamente, es haber mandado a su hijo Jesús al mundo para salvarnos. He de reflexionar, que gracias a su venida es que yo podré un día ir al cielo.
- El Adviento es entonces y sobretodo un tiempo de alegría profunda.
- Si te fijas, todos los que participaron de cerca en el nacimiento de Jesús: San José, la Virgen María, los pastores, los reyes magos, todos estaban alegres.
- De igual manera mi vida debe ser también como un Adviento un poco más largo, una alegre espera de ese momento definitivo en el que me encontraré por fin con el Señor para siempre.
- Mi alegría no debe depender de las cosas de la tierra: noticias agradables, salud, tranquilidad, desahogo económico para sacar la familia adelante, etc. La verdadera alegría cristiana, esa que trae una paz y serenidad que nadie puede quitar, sólo la tiene aquel hombre que logra escapar de si mismo, cuando ama a los demás y hace la voluntad de Dios.
- Este Adviento trataré de vivir esta alegría, con una sonrisa, una palabra cordial, un pequeño elogio, evitando hacer tragedias por cosas de poca importancia que debería dejar pasar y olvidar. Así contribuiré a hacer más llevadera la vida de las personas que me rodean. Esa es una de las grandes misiones del cristiano: llevar alegría a un mundo que está triste porque se va alejando de Dios.

 

   






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