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Continuando con su reflexión sobre la Constitución dogmática Lumen gentium, el Papa León XIV explicó que como parte de la obra de salvación, “Dios elige un pueblo concreto, establece con ellos una alianza, los acompaña, los cuida y los reúne cuando se dispersan”.
Es Cristo “quien congrega en torno a sí al nuevo Pueblo de Dios, por medio de la entrega de su Cuerpo y de su Sangre. Este nuevo Pueblo, que es la Iglesia, está formado por hombres y mujeres provenientes de todos los lugares de la tierra, de diferentes lenguas y culturas. Su principio unificador es la fe en Jesucristo y su presencia es profecía de la unidad y la paz a la que Dios Padre llama a todos sus hijos”, explicó.
“En la Iglesia hay y debe haber sitio para todos y cada cristiano está llamado a anunciar el Evangelio y a dar testimonio en todos los ambientes en los que vive y obra”.
“Así es como este pueblo muestra su catolicidad, acogiendo las riquezas y los recursos de las diversas culturas y, al mismo tiempo, ofreciéndoles la novedad del Evangelio para purificarlas y elevarlas”, dijo el Papa León.
"Es un gran signo de esperanza, sobre todo en nuestros días, atravesados por tantos conflictos y guerras, saber que la Iglesia es un pueblo en el que conviven, en la fuerza de la fe, mujeres y hombres de distinta nacionalidad, lengua o cultura: es un signo puesto en el corazón mismo de la humanidad, llamada y profecía de esa unidad y de esa paz a la que Dios Padre llama a todos sus hijos”, concluyó el Papa León.
Fuente: Vatican.va