Con alegría, sencillez y un profundo sentido de gratitud, el viernes 14 de agosto celebramos los 42 años de sacerdocio de nuestro párroco, padre Juan Debesa Castro.
Fue una hermosa Eucaristía que reunió a la comunidad para acompañarlo y dar gracias a Dios por el don de su vocación.
La celebración contó con la presencia de feligreses de nuestra comunidad; nuestros diáconos; el P. Felipe Herrera-Espaliat, editor del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, quien se encuentra por estos días en Chile; y el padre Ramón.
Fue una celebración en la que agradecimos los 42 años de ministerio sacerdotal, la entrega cotidiana del padre Juan y por sus años compartidos al servicio de Dios y de Su Iglesia.
La historia de su vocación sacerdotal comenzó hace más de cuatro décadas. El 15 de agosto de 1983 recibió la ordenación diaconal de manos de Monseñor Juan Francisco Fresno Larraín, entonces Arzobispo de Santiago. Un año después, el 14 de agosto de 1984, fue ordenado sacerdote en la Catedral de Santiago.
Hoy, 42 años después, la comunidad de Los Castaños lo celebra, agradece y acompaña. ¡Gracias, P. Juan, por estos 42 años de sacerdocio! Que el Señor siga sosteniendo su vocación, renovando sus fuerzas y bendiciendo abundantemente su ministerio.
A continuación te compartimos el mensaje con palabras de agradecimiento de nuestra comunidad hacia nuestro pastor, y algunas imágenes de ese día, que puedes ver en el album completo haciendo clic aquí.
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Santiago, 14 de agosto de 2026
Querido padre Juan:
En este día tan especial, queremos darle gracias a Dios por su vocación, de indiscutible inspiración divina.
Y, al mismo tiempo, queremos celebrar y agradecer esos detalles que lo hacen único... que son de inspiración indiscutiblemente humana.
Agradecemos la delicadeza con que ha tratado a toda esta comunidad y sus costumbres.
Agradecemos su risa fácil y la expresión amable en su mirada cotidiana.
Agradecemos la alegría con que nos saluda y recibe, como si estuviera gratamente sorprendido cada vez que nos encuentra al salir de misa o en los pasillos de la parroquia.
Le agradecemos su constante interés en el segundo apellido de cada feligrés y de cada agente, como un esfuerzo detectivesco consciente, para poner en valor la presencia e importancia de nuestras madres.
Le agradecemos sus inconmensurables datos históricos, enumerados con gran vigor, cada vez que se presenta la oportunidad.
Agradecemos el remate “técnico” de cejas levantadas y labios fruncidos, después de comentar esos mismos datos históricos. Y la mirada fija, en espera de que nosotros también levantemos las cejas en señal de sintonía.
Agradecemos las constantes explicaciones teológicas en medio de su predica y las micro-catequesis en medio de una conversación cotidiana, entregándonos contexto y las razones del “porqué” de las cosas.
Le agradecemos su transparencia y veracidad al contar la historia de la Iglesia, aunque a veces sea dura. Y por consiguiente, agradecemos que nos trate como adultos.
Agradecemos profundamente su dedicación en el trabajo parroquial y valoramos que sea un jefe de rienda larga y yugo liviano, porque es confirmación de la confianza que ha depositado en su equipo y en todos sus agentes pastorales, para conducir las diferentes áreas de la parroquia.
Que el Señor siga bendiciendo su ministerio y la permanente alegría con la que conduce este pedacito del Reino de Dios.
¡Muchas gracias y muchas felicidades!
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