"Unidos en Cristo para Evangelizar"
24 de Abril de 2026
Domingo Cuarto de Pascua. Domingo del Buen Pastor
 



Pidamos al Señor que envíe buenos pastores según su corazón a nuestra Iglesia de Santiago

Queridas hermanas y hermanos en Jesús Buen Pastor:

Nuestra vocación en la Iglesia es a ser pastores por el Bautismo, es decir, ocuparnos los unos de los otros con amor y servicio. El Buen Pastor da su vida por las ovejas. Y dar la vida no es fácil, pues consiste en postergarnos nosotros en beneficio de los demás.

San Juan, en su Evangelio, en el capítulo 10, 1-10, nos habla de Jesús, el Buen Pastor. La liturgia de este domingo nos invita a contemplar a Jesús viviente en calidad de pastor de la Iglesia, “Pastor de los pastores de las ovejas” (Hebreos 13,20), que le indica al rebaño y a los pastores el camino a seguir.

Jesús pronuncia su discurso sobre el “Buen Pastor” después de curar a un ciego en Jerusalén un sábado, suscitando la indignación de los fariseos. Israel conocía la vida de los pastores; por eso había llegado a dirigirse a Dios como “Pastor de Israel” (Salmo 80,1), capaz de conducir a quien confía en Él “sobre senderos justos, por prados de hierba fresca y hacia aguas tranquilas” (Salmo 22,1).

Para llevar a cabo su obra, Dios se sirvió también de pastores humanos, quienes debían ser mediadores de su amor, pero que a veces terminaban “haciendo perecer y dispersar al rebaño” (Jeremías 23,1).

El Buen Pastor entra en el recinto de las ovejas a través de la única entrada legítima, la puerta, mientras que el mal pastor entra furtivamente por otro lado.

El portero, el guardián, es decir, el Padre, le abre al pastor, el cual llama una por una a las ovejas, las conduce fuera y camina delante de ellas. Ellas, en respuesta, lo siguen porque escuchan y conocen su voz.

De esta manera aparece descrita nuestra relación con Jesús, el único pastor verdadero de nuestras vidas: una relación hecha de escucha, conocimiento y seguimiento confiado. “Si uno entra a través de mí, será salvado; entrará y saldrá y encontrará pastos”. Jesús es el buen pastor que ofrece la vida por las ovejas (Juan 10, 11) y es el camino que conduce al Padre, el camino convertido en puerta para nosotros. Él es, al mismo tiempo, el mediador de la salvación y la salvación misma.

Al contrario, dice Jesús: “todos los que han venido antes de mí son ladrones y salteadores, pero las ovejas no los han escuchado”. Aquí Jesús no se refiere a los personajes de la primera alianza, pastores y profetas fieles de Israel, desde Abraham hasta Juan Bautista, sino a los que han venido con pretensiones injustificadas: los falsos profetas que buscaban su propia gloria. Los falsos pastores que fueron criticados duramente por Jeremías y Ezequiel.

La mirada de Jesús está puesta, ante todo, en los pastores de su Iglesia: “El ladrón viene a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida”. Aquellos que en la Iglesia ejercen el servicio de guiar el rebaño son advertidos. La alternativa es entre ser los pastores que se ocupan de las ovejas con amor y les dan vida en abundancia, o ser ladrones y bandidos que se preocupan de apacentarse a sí mismos. Y el modelo que se pone ante sus ojos es uno solo: Jesús, el Pastor de los pastores (1 Pedro 5,4), quien “sintió compasión cuando vio a las multitudes, porque andaban como ovejas sin pastor” (Marcos 6,34).

Pidamos al Señor que envíe buenos pastores según su corazón a nuestra Iglesia de Santiago. Que nuestro compromiso de rezar por el aumento de las vocaciones a la vida religiosa, sacerdotal y de especial consagración, junto a laicos verdaderamente comprometidos en la misión evangelizadora de la Iglesia, sea nuestra primera tarea como comunidad parroquial.

Y que sepamos escuchar en nuestro interior aquellas palabras de Fray Luis de Góngora: “Oveja perdida, ven sobre mis hombros, que hoy no solo tu Pastor soy, sino tu pasto también”.

Les deseo un feliz Domingo del Buen Pastor.

 

Los bendice su párroco, 

P. Juan Debesa C.


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