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Queridos hermanos en el Señor:
He querido comentar algo sobre la vida de Santa Teresa de Ávila por la importancia que tiene para la vida espiritual de todos nosotros, como es, por ejemplo, acceder a la oración como un trato a solas de amistad, muchas veces, con aquel que sabemos que nos ama, en palabras de esta santa.
Teresa de Cepeda y Ahumada nació en Ávila en 1515. Guiada por Dios por medio de místicos coloquios y por su colaborador y director espiritual san Juan de la Cruz (1542-1591) (quien, a su vez, reformó la rama masculina de su Orden, separando a los Carmelitas Descalzos de los Calzados), a los cuarenta años emprendió una misión que es casi inverosímil para una mujer de salud delicada como la suya: desde el monasterio de San José, fuera de las murallas de Ávila, primer convento del Carmelo reformado por ella, partió, con la carga de los tesoros de su Castillo interior, en todas las direcciones de España y llevó a cabo numerosas fundaciones, suscitando también muchos resentimientos, hasta el punto de que temporalmente se le quitó el permiso de hacer otras reformas y de fundar nuevas casas.
Maestra de místicos y directora de conciencias, tuvo contactos epistolares hasta con el rey Felipe II de España y con los personajes más ilustres de su tiempo, pero, como mujer práctica, se ocupaba de las cosas más mínimas del monasterio y nunca descuidaba la parte económica, porque, como ella misma decía: “Teresa sin la gracia de Dios es una pobre mujer; con la gracia de Dios, una fuerza; con la gracia de Dios y mucho dinero, una potencia”. Por petición del confesor, Teresa escribió la historia de su vida, un libro de confesiones entre los más sinceros e impresionantes. En la introducción hace esta observación: “Yo hubiera querido que, así como me han ordenado escribir mi modo de oración y las gracias que me ha concedido el Señor, me hubieran permitido también narrar detalladamente y con claridad mis grandes pecados”. Es la historia de un alma que lucha apasionadamente por subir a las altas moradas, sin lograrlo al principio. Por esto, desde el punto de vista humano, sentimos a Teresa cerca de nosotros, dándonos la imagen de una criatura de carne y hueso, cercana y muy humana. Desde la niñez había manifestado un temperamento exuberante (a los siete años se escapó de casa para buscar el martirio en África) y una contrastante tendencia a la vida mística y a la actividad práctica y organizativa.
Dos veces enfermó gravemente. Durante la enfermedad comenzó a vivir algunas experiencias místicas que transformaron profundamente su vida interior, dándole la percepción de la presencia de Dios y la experiencia de fenómenos místicos que ella describió más tarde en sus libros: El camino de la perfección, Pensamientos sobre el amor a Dios, El castillo interior y Las moradas.
Santa Teresa murió en Alba de Tormes en la noche del 4 de octubre de 1582, pero al día siguiente, por la corrección gregoriana del calendario, ya era el 15 de octubre, y en 1622 era proclamada santa. El 27 de septiembre de 1970, el papa Pablo VI, hoy san Pablo VI, le reconoció el título de doctora de la Iglesia.
“Nada te turbe, nada te espante,
todo se pasa, Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza;
quien a Dios tiene nada le falta;
solo Dios basta”.
Santa Teresa de Jesús de Ávila
Los bendice su párroco,
P. Juan Debesa Castro.