"Unidos en Cristo para Evangelizar"
30 de Agosto de 2022
Criterios para discernir nuestro voto
 


El próximo domingo 4 de septiembre tendremos que concurrir a ejercer nuestro derecho ciudadano en un plebiscito que es crucial para Chile.

Es importante recordar que el Magisterio enseña que el cristiano es a la vez miembro de la Iglesia y ciudadano de la sociedad política, razón por la cual debe llevar las exigencias de su fe a la comunidad social de la que forma parte.

La relevancia de la participación política de los laicos cristianos es un deber, sobre todo en este momento donde la cultura imperante nos obliga a defender los valores irrenunciables de la ética política cristiana.

La importancia de una Constitución proviene del hecho que ese cuerpo legal termina por convertirse en el programa que rige a una sociedad. Y para muchos, pasa a ser el programa ético que rige los destinos de una nación.

Si examinamos la propuesta de nueva Constitución, en ella se plasman varias reglas que no coinciden con la doctrina cristiana.

Como nos advirtió la Conferencia Episcopal de Chile “analizados desde la enseñanza social de la Iglesia los contenidos estructurales de la propuesta de nueva Constitución, podemos afirmar que no todas las materias tienen la misma densidad ética, por lo que una valoración moral sobre ellas requiere necesarias distinciones”. De manera concreta, nos advierten los pastores, que en la propuesta de nueva Constitución se proponen contenidos de una especial “radicalidad antropológica, en cuanto implican aspectos esenciales de la persona humana y tienen consecuencias sociales de gran impacto y complejidad”. Sin ambigüedad, los obispos nos proponen a “hacer una adecuada valoración ética. Es decir, discernir en conciencia si se respeta y promueve la dignidad del ser humano”.

No cumplen con esa exigencia, entre otras, las reglas que permiten y promueven el aborto y la eutanasia, las que destruyen la familia al considerar que incluso lo serán las que surgen de la lujuria o de la perversión sexual, olvidando que Dios ha creado hombre y mujer.

Para ser coherentes en nuestra elección debemos recordar que es principio ético elemental hacer el bien y evitar el mal. A la hora de valorar la propuesta de nueva Constitución debemos mirarla en su conjunto, no de manera parcial. En materia moral es falso que entre dos males hay que escoger el menor. La elección moralmente correcta nos obliga a evaluar los efectos que su aprobación tendrá para el conjunto de la sociedad, no por los temas que pueden ser de nuestra preferencia (medioambiente, ecología, derecho de los animales sintientes, derecho al ocio, etc.).

Es una manifestación clara de la profunda deshumanización en la que nos encontramos como nación, que se nos proponga dar nuestro voto para reconocer a los progenitores el derecho constitucional a matar a sus hijos mediante el aborto y los que sobrevivan a ello luego tengan reconocido en la Constitución la posibilidad de matar a sus progenitores a través de la eutanasia. Aprobar una regla así es dar carta abierta a la barbarie que se supone toda Constitución debería evitar.

Por último, sería una ingenuidad no advertir que la propuesta que hace el texto de incorporar el Estado Laico no afectará a la libertad religiosa. Esto surge por la contradicción moral y antropológica que nuestra fe tienen con varias reglas de la propuesta de Constitución. Como la libertad religiosa quedará supeditada a “los derechos, deberes y principios que esta Constitución establece”, el conflicto con los cristianos coherentes y de conciencia bien formada está asegurado. Es a eso lo que apuntan nuestros obispos cuando, con sutileza indican que, la propuesta contiene reglas de una “radicalidad antropológica” en varios aspectos esenciales de la persona humana y podrían provocar “consecuencias sociales de gran impacto y complejidad”.

Pidamos a la Santísima Trinidad que de luces a los hombres y mujeres de buena voluntad para votar rectamente.

Crodegango






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