"Unidos en Cristo para Evangelizar"
12 de Enero de 2023
La diversidad de proyectos educacionales y sus fines
 


Se han publicado recientemente los resultados de la prueba de selección universitaria (PAES). Con ello se reabre un debate, repetido por años, sobre las profundas diferencias existentes entre la educación privada y la pública.

Convienen recordar que la diferencia entre lo público y lo privado tiene en nuestro país una larga historia. Ella se remonta a la instauración del Estado Docente promovido al promulgarse, en enero de 1879, la Ley sobre instrucción secundaria y superior. Esta normativa fue un proyecto impulsado principalmente por políticos liberales que, en muchos casos, se caracterizaban por su espíritu anticlerical y contrario al poder que estimaban tenía la Iglesia Católica, en ese momento, en materia de enseñanza. El referido Estado Docente pretendía dar una alternativa ética a las enseñanzas de los chilenos, diferente al que daba la educación católica. De este modo, se buscaba implantar una enseñanza que debía ser arreligiosa, neutra, secularizada, y controlada por el Estado, que garantizaría a todos la “neutralidad ideológica”.

Al existir la garantía constitucional relativa a la libertad de enseñanza, la educación privada ha podido subsistir hasta el día de hoy, pero siempre sorteando alguna amenaza. En el último tiempo ha sido el intento del frustrado proyecto constitucional de no explicitar el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos, para asegurar el monopolio del control estatal en la educación. El tema sigue vigente y debemos estar atentos a ello en el debate constitucional.

Lamentablemente, cuando se examina la brecha entre la educación privada y la pública, priman enfoques que alientan la lucha de clases, buscando explicaciones materialistas en la diferencia que existiría entre los ricos y pobres. 

Sería interesante que alguna vez nos preguntásemos, como país, si el mejor rendimiento que obtienen los centros educativos privados se debe a que tienen ideales educativos concretos y definidos, que trasciende en el tiempo y permea todo el proceso formativo de los educandos. 

Es un hecho a considerar en este análisis que el éxito de esos proyectos educativos, en muchos casos, se explica porque han optado por bases espirituales, filosóficas, antropológicas y científicas que desembocan en una formación humana integral. 

No puede producir los mismos resultados un proyecto educativo en que se considere que el hombre está compuesto de cuerpo y alma, que otro que lo reduce a un conjunto de cédulas o en el mejor de los casos a un ser sintiente. 

No es lo mismo enseñar que la sexualidad humana contempla que existe una realidad que diferencia entre hombre y mujer que se complementan, que alentar que ella es una mera opción dejada a las pasiones y a la creatividad de cada uno, que el Estado debe garantizar dentro de su opción muy poco neutra por fomentar la ideología de género. 

Una revisión del listado de los mejores centros educativos, dado a conocer por autoridad pública, revela que ellos tienen una identidad clara y definida. En varios se sigue el proyecto educativo más que milenario de la Iglesia Católica, que sabemos tiene una visión integral del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. Como lo explicaba el Padre Hurtado, gran experto en educación: «El ?n primordial de toda educación cristiana es grabar ?jamente la imagen de Cristo en las mentes juveniles, y que de ese conocimiento de la Verdad, resulte una vida que sea un trasunto de la Vida verdadera que el Redentor nos mereció con el precio de la suya».

Si se compara el proyecto educativo oficial del Estado de Chile con el que desarrollan, por ejemplo, los centros educativos de inspiración católica, se advierten profundas diferencias. Tomemos sólo como ejemplo la comprensión de los derechos humanos. 

Para el Magisterio de la Iglesia, “la fuente última de los derechos humanos no se encuentra en la mera voluntad de los seres humanos, en la realidad del Estado o en los poderes públicos, sino en el hombre mismo y en Dios su Creador. Estos derechos son «universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto». Universales, porque están presentes en todos los seres humanos, sin excepción alguna de tiempo, de lugar o de sujeto. Inviolables, en cuanto «inherentes a la persona humana y a su dignidad» y porque «sería vano proclamar los derechos, si al mismo tiempo no se realizase todo esfuerzo para que sea debidamente asegurado su respeto por parte de todos, en todas partes y con referencia a quien sea». Inalienables, porque «nadie puede privar legítimamente de estos derechos a uno sólo de sus semejantes, sea quien sea, porque sería ir contra su propia naturaleza»”. (CDS n.153).

En cambio, en el programa del Estado Docente chileno, la explicación de los Derechos Humanos está condicionada a los cambios de visión que se produce por la alternancia en el poder de los gobiernos, los que en este tema vienen normalmente impulsados por un ánimo refundacional. Esto explica, por ejemplo, que los alumnos en la enseñanza pública queden expuestos a modas e influencias ideológicas que sean del gusto del gobernante de turno, y no a la ejecución de un proyecto educativo de largo aliento, donde estén claras las bases filosóficas, antropológicas y éticas. Esto explica situaciones tan paradójicas como que en un centro de enseñanza pública controlado por el Estado Docente se enseñe a sus alumnos que la dignidad humana considera el aborto como derecho fundamental; que se postule que no existe un concepto de familia que se pueda presentar como modelo educativo, y por ende, todas las opciones vitales que hagan los educandos en esa materia valen lo mismo; que se aliente una visión de la sexualidad como una opción que se puede practicar de la manera que los instintos indiquen, aunque de ello se sigan consecuencias dañinas para el cuerpo y alma. 

Si no reconocemos que en el resultado del proceso educativo tiene relevancia los supuestos espirituales, filosóficos, antropológicos y científicos, la brecha educativa seguirá vigente.  

Pidamos a la Virgen Maria que interceda para que nuestros jóvenes sean educados conforme a la voluntad de Dios.

Crodegango






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