"Unidos en Cristo para Evangelizar"
17 de Febrero de 2021
La cátedra de San Pedro
 


¿Qué celebramos en esta importante fiesta, el próximo 22 de febrero?

 

El lunes 22 de febrero se celebra la fiesta de la Cátedra del Apóstol San Pedro. Existen antecedentes de esta celebración antes del siglo IV. Esta festividad nos debe llevar a considerar la unidad de la Iglesia, que se fundamenta en Pedro y en sus sucesores en la sede romana.

La historia del papado es una pieza clave de la Iglesia Católica. Pedro, el primer Papa, cumpliendo la voluntad de Cristo ocupó un lugar primordial y distinto dentro del Colegio Apostólico. Las prerrogativas atribuidas directamente por Jesucristo a este apóstol han sido el factor constitucional y permanente de la Iglesia Católica, que está destinada, por querer divino, a perdurar hasta el fin de los tiempos.

El cambio de nombre que relata el Evangelio de San Juan (1, 41-42) demuestra el rol que se le asignaría: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro)». Más profundidad tienen todavía las palabras de Jesús recogidas en el Evangelio de San Mateo: «Y yo te digo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”» (Mt 16, 18-19).

Como lo explica un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre “El primado del sucesor en el Misterio de la Iglesia”, firmado por el Cardenal Ratzinger (Luego elegido Papa, como Benedicto XVI):

“en la figura, la misión y el ministerio de Pedro, en su presencia y en su muerte en Roma – atestiguadas por la tradición literaria y arqueológica más antigua– la Iglesia contempla una profunda realidad, que está en relación esencial con su mismo misterio de comunión y salvación: «Ubi Petrus, ibi ergo Ecclesia». La Iglesia, ya desde los inicios y cada vez con mayor claridad, ha comprendido que, de la misma manera que existe la sucesión de los Apóstoles en el ministerio de los Obispos, así también el ministerio de la unidad, encomendado a Pedro, pertenece a la estructura perenne de la Iglesia de Cristo y que esta sucesión está fijada en la sede de su martirio”.

El mismo documento aclara el sentido y forma cómo se ejerce este poder, indicando:

“7. El ejercicio del ministerio petrino –para que «no pierda su autenticidad y transparencia» – debe entenderse a partir del Evangelio, o sea, de su esencial inserción en el misterio salvífico de Cristo y en la edificación de la Iglesia. El Primado difiere en su esencia y en su ejercicio de los oficios de gobierno vigentes en las sociedades humanas: no es un oficio de coordinación o de presidencia, ni se reduce a un Primado de honor, ni puede concebirse como una monarquía de tipo político”.

“El Romano Pontífice, como todos los fieles, está subordinado a la Palabra de Dios, a la fe católica, y es garante de la obediencia de la Iglesia y, en este sentido, servus servorum. No decide según su arbitrio, sino que es portavoz de la voluntad del Señor, que habla al hombre en la Escritura vivida e interpretada por la Tradición; en otras palabras, la episkopé del Primado tiene los límites que proceden de la ley divina y de la inviolable constitución divina de la Iglesia contenida en la Revelación. El Sucesor de Pedro es la roca que, contra la arbitrariedad y el conformismo, garantiza una rigurosa fidelidad a la Palabra de Dios: de ahí se sigue también el carácter martirológico de su Primado que implica el testimonio personal de la obediencia de la cruz”.

“8. Las características del ejercicio del Primado deben entenderse sobre todo a partir de dos premisas fundamentales: la unidad del Episcopado y el carácter episcopal del Primado mismo. Al ser el Episcopado una realidad «una e indivisa», el Primado del Papa comporta la facultad de servir efectivamente a la unidad de todos los Obispos y de todos los fieles, y «se ejerce en varios niveles, que se refieren a la vigilancia sobre la transmisión de la Palabra, la celebración sacramental y litúrgica, la misión, la disciplina y la vida cristiana» ; a estos niveles, por voluntad de Cristo, en la Iglesia todos – tanto los Obispos como los demás fieles – deben obediencia al Sucesor de Pedro, el cual también es garante de la legítima diversidad de ritos, disciplinas y estructuras eclesiásticas entre Oriente y Occidente”.

La Cátedra de San Pedro ha tenido que sortear distintos escollos en su historia, algunos de ellos verdaderamente desgarradores, como los cismas, la “Reforma”, persecuciones religiosas y confusiones doctrinales.

El principal desafío actual, como lo han expuesto con fuerza los últimos pontífices, es la nueva evangelización en una sociedad secularizada y neopagana. La posibilidad de contagiarse de incredulidad o de inmoralidad son riegos que están presentes. Para superar esta situación exige un esfuerzo misionero del que ninguno se puede restar y que, desde los primeros tiempos, tiene al Papa a la cabeza. El poder moral del pontificado sigue siendo un faro encendido y los católicos debemos ayudar a iluminar.  

Los veinte siglos de historia del papado revelan que la Iglesia Católica, navegado en la barca de Pedro, siempre ha estado en movimiento, con mares más o menos agitados. La historia del Papado es una epopeya humano-divina que ha podido salir de las peores oscuridades. La piedra en que fue fundada la Iglesia por Cristo, Pedro, sigue siendo una roca firme llamada a cumplir el encargo del Señor de apacentar a las ovejas.

Pidamos a San Juan Pablo II, que interceda por nosotros, para que podamos ser siempre fieles hijos de Dios, unidos al Papa, anunciando el Evangelio.

Crodegango






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