"Unidos en Cristo para Evangelizar"
07 de Enero de 2026
Contenido de las películas y la Legión de la Decencia
 


San Alberto Hurtado advirtió sobre el daño de la exposición constante a imágenes sexualizadas y provocativas, especialmente en niños y jóvenes.

Un asunto que nos afecta es el bombardeo de imágenes inconvenientes que vemos en televisión, cine, redes sociales, internet, etc.

Da la impresión de que esta batalla se ha perdido. Prácticamente nadie habla ni reclama por este asunto. No solo eso, pagamos mensualmente por contenidos visuales donde la oferta es, lisa y llanamente, basura. Incluso más, reconozcamos que tenemos criterios laxos en este asunto, que los justificamos con placebos como “es solo una película, no es real”, “a mí no me pasa nada con esto”, etc.

Para entender el cambio cultural en que estamos inmersos, recordemos las reglas que se aplicaban a la naciente industria cinematográfica norteamericana, contenidas en un código de conducta dado a conocer a fines de 1929. Las pautas eran estrictas: nada de desnudez ni violencia, para que el cine mantuviera el decoro y la moralidad. Estaban totalmente prohibidos: cualquier imagen de desnudo, real o en silueta; toda conducta licenciosa de los personajes; alusiones a perversiones sexuales (lo que incluía la homosexualidad).

Tuvo un lugar relevante en el cumplimiento de esas reglas la “Legión de la Decencia” (Legion of Decency), fundada en 1934 por el arzobispo de Cincinnati, John T. McNicholas, como una organización dedicada a identificar contenido objetable en películas, en nombre del público católico y de los protestantes americanos, que hicieron causa común en esto. La condena por la Legión a menudo disminuía las posibilidades de éxito de una película. También, hay que reconocerlo, la calificación de inconveniente alentaba el morbo de un público que se animaba todavía más a ver la película.

En nuestro país, el tema del decoro y la moralidad ha tenido diferentes soluciones. En el año 1925, el presidente Arturo Alessandri dictó el Decreto Ley Nº 558, que estableció la censura cinematográfica a nivel nacional y la creación de un Consejo de Censura. Hoy estamos en el otro extremo: no hay control. Se piensa, erróneamente, que en la democracia se vive conforme a la destructiva máxima “prohibido prohibir”.

Este tema no le fue indiferente a san Alberto Hurtado, quien escribió en 1943 un libro sobre la materia: Cine y moral. En ese trabajo señala que le parecía muy oportuna la idea de imitar entre nosotros una organización semejante a la Legion of Decency, aunque indicaba que “sabemos de antemano los escollos que opondrá a esta obra nuestra inconsciencia y volubilidad”. Con gran criterio, también manifestaba que “no se trataría de pedir al cine que haga propaganda religiosa, pero le pediríamos a un biógrafo [cine] que corrija el vacío espantoso de ideas, la anemia intelectual; que no exalte el vicio; que los personajes simpáticos piensen y obren en conformidad con la moral cristiana; y que en los papeles reprobados se abstengan de presentar el mal en forma que levante pasiones o incite a imitar esos personajes; finalmente, que en la pantalla la vida religiosa ocupe un sitio igual, al menos, al que ocupa en la vida normal de los hombres de nuestro tiempo (…)”.

Las razones de fondo que le preocupaban a nuestro primer santo en este asunto no pierden vigencia, cuando señalaba: “muchas cintas hay de un realismo crudo por sus imágenes sensuales, provocativas, estudiadas para producir un efecto libidinoso y que pretenden atraer excitando las bajas pasiones. ¡Cuánto cieno se echa a las almas puras de los niños en el biógrafo y cómo se resuelven esas conciencias que ya sufren los primeros aletazos de la pubertad! Los solos avisos de los diarios son un suficiente testimonio de lo repugnante de ciertas películas. Muy fresco está en la mente de todos el escándalo horrendo —del cual son gravemente responsables las autoridades— de tolerar películas como la reciente cinta nudista que se ha pasado en rotativa permanente en uno de los teatros de Santiago, que por ese solo hecho merecería el boicot de todos los que precian llamarse católicos. Asistir a películas de esa especie es pagar dinero al demonio para que realice su obra nefasta de perdición de almas, y ¡cuántos católicos han pagado esa contribución a Satanás!”.

Uno de los problemas que provoca este libertinaje en que nos encontramos es la segura corrupción de niños y adolescentes, quienes se exponen a ser socializados visualmente con modelos sexuales ambiguos, alentados por depravados que buscan sumar gente a las filas de la perversión. Al mismo tiempo, la hipersexualidad que los bombardea los invita a tener relaciones precoces, que les causarán un profundo daño espiritual.

Tenemos que ser conscientes de que en estas conductas visuales está en juego nuestra propia castidad y la de nuestro entorno. La forma de enfrentar esto es con la libertad de los cristianos, que sinceramente no quieren ofender a Dios.

Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para recibir la gracia que necesitamos para luchar siempre por nuestra castidad.

 

Autor: Crodegango






Dirección: Avenida Vitacura #7401, Comuna de Vitacura Teléfonos: (+56 2) 2242 2401   Mail: contacto@loscastanos.cl