"Unidos en Cristo para Evangelizar"
08 de Abril de 2026
Formación espiritual de los jóvenes y violencia desatada
 


Más allá de factores emocionales, sociales o familiares existe una causa profunda que suele ser ignorada

Dejando de lado los casos de violencia juvenil que se explican por razones psiquiátricas (falta de atención oportuna, abandono de tratamientos, etc.), es pertinente indagar sobre sus causas.

Se han dado varias: falta de herramientas emocionales y entorno violento que alienta conductas antisociales. Soledad de la juventud. Un sistema educativo que prioriza lo académico y no se preocupa de desarrollar aspectos espirituales. La crisis del matrimonio que los deja sin contención familiar. Uso de drogas “recreacionales” que terminan por alterar su estructura de personalidad, entre otras.

Una a la que como cristianos debemos prestar particular atención es la formación espiritual de nuestra juventud.

No se debe descartar que muchos actos de violencia provengan de manipulaciones de adultos que, padeciendo de la enfermedad moral del resentimiento, los han reclutado como nueva savia para que actúen contra todo lo establecido. Seguramente en el proceso educativo de estos jóvenes se ha omitido la formación religiosa o de la regla elemental de la moral (no hacer daño a otro). Su analfabetismo espiritual queda en evidencia en cada acto violento que ejecutan.

En las encuestas acerca de qué les motiva y con qué se identifican los jóvenes en Chile, se viene arrojando como dato que la mayoría no se siente representado por ninguna religión. Lo anterior ha sido constatado por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), en la “Décima Encuesta Nacional de Juventudes”, realizada el 2022 (la de 2025 eliminó las preguntas sobre la religión). En esa muestra solo el 36,4 % reconoce tener una creencia religiosa. Si se compara la primera medición realizada en 1994 por el INJUV con la de 2022, se aprecia que la creencia religiosa ha alcanzado un mínimo histórico. En la “Primera Encuesta Nacional de Juventudes” el 68,9 % de los jóvenes adhería a la religión católica, 16,1 % a los evangélicos y el 1,6 % a los Testigos de Jehová. Sólo el 9,1 % se declaraba sin religión. Ratifica el declive la Encuesta Bicentenario de la Pontificia Universidad Católica (2025).

Los datos revelan un cambio de época que indica que predominan en nuestra juventud la indiferencia religiosa. Muchos llegan a esta forma de vida por una escasa formación e información que al sistema educativo, el Estado Docente surgido en el siglo XIX, no proporciona. El proceso educativo es más propenso a transmitir planteamientos ideológicos (como la doctrina de género), que invitar a reflexionar sobre la relación del hombre con Dios, dentro de las diferentes posibilidades que existen en un país que no tiene culto oficial.

No es lo mismo desconocer las reglas de las matemáticas que desconocer lo que la religión significa en la vida del hombre. Como lo expone Guardini, “cuando una exigencia de la vida moral es eludida y suplantada, se desencadenan tensiones inconscientes que angustian y atribulan toda la vida. Ahora bien, si se reconocen y curan del modo conveniente, entonces se resuelven, el aspecto esencial de la personalidad conquista espacio y vigor; se coordinan los distintos elementos y se abre paso a una conciencia de libertad que puede elevarse hasta la religiosidad” (Guardini, Romano, Libertad, Gracia y Destino, Madrid: Palabra, 1994, p. 42.).

Sería parcial atribuir toda la incredulidad juvenil al “Estado Docente”, que educa a la mayoría de los chilenos. También la formación en establecimientos con idearios religiosos ha dado lugar al mismo fenómeno, que el Cardenal Ratzinger describía como los “paganos bautizados”, es decir, personas que formalmente son cristianas, pero que no creen y que nunca han conocido la fe (Ratzinger, Joseph, “Los nuevos paganos y la Iglesia”, VIII/2, BAC, 2020, pp. 1115-1129). Muchos niños participan de una “única comunión”, puesto que el siguiente domingo a ese encuentro con el Señor ningún adulto los quiere llevar a Misa. Otros han sido privados del bautismo por los adultos que, flacos en su fe, no quieren imponerles sus convicciones, hasta que ellos elijan. Afortunadamente el razonamiento anterior no lo aplican para bañar a esos niños o para vacunarlos, ya que los matarían en breve plazo, si ello quedara condicionado al querer infantil.

Cuando a los educandos no se les enseñan los aspectos elementales de la religión, su proceso formativo será ocupado por otras materias, como teorías políticas y sociales, ideas filosóficas, históricas, antropológicas y científicas.

Debe llamar la atención que muchos de nuestros jóvenes dan por válidas formas de violencia, como el aborto o la eutanasia, que se les presentan erróneamente como derechos. También es una forma de violencia validar lo que objetivamente son pecados, como los que van contra la voluntad de Dios, que creó hombre y mujer. Validar aberraciones es una forma de violencia que alientan quienes no respetan que hay un orden dado por el Creador.

En suma, todo lo anterior puede ser resumido en la sentencia de Dostoyevski: “Si Dios no existe, todo está permitido”.

 
 
Crodegango






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