"Unidos en Cristo para Evangelizar"
09 de Julio de 2026
La economía y la magia
 


Los desafíos económicos actualmente son abrumadores y obligan a buscar soluciones inteligentes

Los cristianos vivimos insertos en medio del mundo y nada humano nos debe ser indiferente. Dentro de las realidades cotidianas con las que debemos lidiar está la economía. En ese ámbito surge una pluralidad de problemas que nos afectan actualmente: desempleo, ingresos precarios, marginalidad, falta de desarrollo en la actividad y de mejores expectativas, especialmente para los jóvenes.

Los desafíos económicos actualmente son abrumadores y obligan a buscar soluciones inteligentes, que en nuestro caso deben considerar siempre la dignidad de la persona humana y la justicia.

Aunque sabemos que el reino de Dios no está en este mundo, no podemos renunciar a remediar los problemas que nos aquejan, especialmente para combatir todas las formas de pobreza que tenemos al frente: material, moral y espiritual.

En lo que respecta a la pobreza material, la Doctrina Social de la Iglesia no tiene una solución particular sobre cuál de los diferentes modelos económicos es el mejor. La libertad en esta materia debe considerar la guía que surge del principio de subsidiariedad. Como lo expone el Catecismo, “la doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Según este, «una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común» (CA 48; Pío XI, enc. Quadragesimo anno)». (CIC 1183). Luego, se precisa que “el principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los límites de la intervención del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y sociedad. Tiende a instaurar un verdadero orden internacional” (CIC 1885).

Dicho lo anterior, es el ejercicio de la libertad humana el que nos debe llevar a buscar los medios adecuados para enfrentar los graves problemas económicos que padecemos.

Para avanzar en lo anterior hay una premisa elemental que debemos aceptar: la economía es una forma de conocimiento que cuenta con un abanico de explicaciones para buscar soluciones racionales.

La acumulación de conocimiento en este ámbito proviene normalmente de experiencias acumuladas. Los alemanes experimentaron entre los años 1921 y 1923 un fenómeno de hiperinflación en el que los precios se dispararon de manera vertiginosa. La población debía cobrar varias veces al día y gastar el dinero inmediatamente, ya que perdía valor casi de hora en hora. Hechos de este tipo han llevado a que la gente sepa que la inflación es una anomalía que se debe evitar a toda costa, puesto que afecta con mayor vigor a los que ganan menos.

Asimismo, la ciencia económica ha podido verificar que el mercado conforma un sistema de asignación de recursos que es más eficiente que el intervencionismo estatal, dado que facilita un proceso de interacción entre individuos que buscan satisfacer directamente sus intereses económicos. El mejor ejemplo de esta realidad lo ha dado Cuba hace pocas semanas. Frente a la pobreza generada por el modelo estatista implementado por el partido único que allí gobierna, han adoptado 175 medidas de mercado o neoliberales para tratar de levantar un modelo que objetivamente ha sido empobrecedor para el pueblo cubano.

Por otro lado, el funcionamiento de la economía requiere de un marco regulatorio que establezca leyes claras para proteger los derechos de usuarios y consumidores, los derechos laborales, el derecho de propiedad, la libre iniciativa económica, entre otros.

El correcto desempeño de las instituciones económicas contrasta con lo que define a la magia, que, sabemos, es el arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginarios, resultados contrarios a las leyes naturales.

Cuando la economía es administrada por personas serias, que no buscan aplicar recetas mágicas, se recupera la regla más elemental de esta disciplina, que proclama que los recursos son escasos y las necesidades infinitas. Aceptar lo anterior debe llevar a toda autoridad a priorizar para usar de mejor forma los recursos. La frase de algún presidente que le advertía con gran énfasis retórico a su pueblo: «¡No hay plata! ¡No hay plata!», es una oda a la sensatez, digna del Nobel de Economía.

Solo el insensato, movido por la ceguera ideológica, no estará disponible para enfrentar la cruda realidad que actualmente presenta la economía, que obliga a todos los hombres de buena voluntad a no confundir nunca la economía con la magia.

 

Crodegango






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