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El Anuario Pontificio, publicación oficial de la Iglesia Católica editado y publicado por la Secretaría de Estado de la Santa Sede, siempre aporta datos de interés la vida de la Iglesia Católica en el mundo.
En su versión de 2026, que muestra información de años anteriores da cuenta que el 2024 se contabilizaban algo más de 1.422 millones de católicos, frente a los aproximadamente 1.406 millones de 2023.
El número de sacerdotes en el mundo (los datos son de 2024) asciende a 465.048, con 5.525 obispos, 407.421 sacerdotes.
En el Seminario Pontificio Mayor de Santiago hay actualmente 24 seminaristas. De ese número el pasado domingo 8 de marzo de 2026 recibió a 8.
El sentido de la realidad nos debería hacer meditar sobre el grave problema que estamos teniendo con las escasas vocaciones sacerdotales.
La pregunta que debemos enfrentar es qué razones que están obstaculizando que nuestros jóvenes adopten como opción fundamental el sacerdocio.
Como se sabe, la opción fundamental es la orientación radical de la persona hacía Dios o contra él. A diferencia de los ángeles, que hacen su elección en el inicio de su existencia de manera plena e irreversible (eligen ser ángeles o ser demonios), los seres humanos estamos durante toda nuestra vida luchando, en el caso nuestro, por transitar el camino de la fe.
¿Qué obstaculiza en el plano humano que nuestros jóvenes no se planteen el camino sacerdotal? ¿Por qué nuestros jóvenes muestran gran sensibilidad con causas nobles en lo social y ecológico, pero no para el camino de la fe? ¿Entienden los jóvenes realmente lo que es el sacramento del orden?
Hace varias décadas que el Padre Hurtado les formulaba a un grupo de jóvenes en un retiro la siguiente interpelación: “Si Él te llamara, ¿qué le dirías? ¿En qué disposición estás? ¡¡Pide, ruega estar en la mejor¡¡ (Un disparo a la Eternidad, “Vida en Abundancia”, p. 68).
Al reflexionar nuestro primer santo sobre este tema, que no exhibía los preocupantes datos de hoy, manifestó varios puntos de vista que conviene considerar, por estar plenamente vigentes:
“El problema de la vocación sacerdotal es un problema cristiano en todo el sentido de la palabra, que interesa no sólo a unos cuantos escogidos, que podrían estudiar su vocación, sino que es un problema de todos los cristianos: Problema de los padres que quieran dar educación cristiana a sus hijos; problema de los jóvenes que necesitan un guía en sus años difíciles, para que los dirija en sus crisis de adolescencia; problema de los pobres que han menester de un padre que se interese por sus necesidades; problema de los que aspiran a formar un hogar, que necesitarán guías de sus conciencias, directores espirituales; problema de los que no tienen fe, problema que ellos no perciben, pero por eso es aún más pavoroso, que necesitan de alguien que desinteresadamente les tienda la mano; problema de los enfermos que buscarán en vano quien les aliente a entrar serenos en la eternidad, y quien consuele a sus parientes y amigos”.
“Toda la vida cristiana está llena del sacerdote, y todos debieran interesarse porque su número sea cada vez mayor y, sobre todo, porque aumenten en espíritu”.
“Santos, pero también muchos, porque la actividad apostólica de cada hombre tiene un límite, y una vez sobrepasado ese límite, sus fuerzas no dan para más… y quedarán los demás sin ningún auxilio en sus necesidades”.
Aunque la permanencia de la Iglesia está asegurada en las sagradas escrituras (Mt., 29 19.20), no podemos dejar reflexionar acerca de las causas de la sequía vocacional y actuar en consecuencia.
La importancia del tema nos reclama una oración perseverante y con mucha fe.
Crodegango