"Unidos en Cristo para Evangelizar"
12 de Junio de 2026
La lectura espiritual en la formación del cristiano
 


Un plan de lectura espiritual cristiana, para conocer el cristianismo o para profundizar en las convicciones de fe

Dentro de la cultura ocupa un lugar destacado la literatura, entendida como el arte de la expresión verbal.

El estudio de esta realidad cuenta con muchos géneros. Dentro de las manifestaciones de esta expresión del conocimiento se destacan épocas, como la literatura griega, la literatura española del Siglo de Oro, etc.

Dentro de los diferentes géneros literarios, uno que nos debería interesar conocer es la literatura espiritual cristiana. A través de ella podemos alimentar el alma mediante el conocimiento de la palabra sagrada, la vida ejemplar de los santos o de las diversas manifestaciones espirituales que ayudan al crecimiento interior, en este camino al encuentro con Dios.

No se debe confundir la literatura espiritual cristiana con una serie de libros de “autoayuda”, que ofrecen herramientas prácticas para el crecimiento personal, la gestión emocional o el desarrollo de hábitos para lograr aquello que nos falta. Su diferencia con la literatura espiritual cristiana radica en que esta última es la que nos ayuda a conocer e imitar a Jesucristo. No olvidemos que el cristianismo es, ante todo, la fe en Jesús y, por ende, no se pueden confundir los géneros.

Una forma de acercarse a esta realidad es considerar la existencia de los clásicos espirituales, que son obras que no pasan de moda y cuya lectura ha sido edificante en distintas épocas. Sin agotar este catálogo, pertenecen a estas categorías las Confesiones de San Agustín, Las Moradas de Santa Teresa de Ávila y El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. También tiene esta calificación la Imitación de Cristo, escrita por Tomás de Kempis (1380-1471), que después de la Biblia ha sido considerada como una de las obras con mayor número de lectores.

Una reseña de la vida de varios santos deja al descubierto que la lectura espiritual ha sido un camino para cambiar radicalmente de vida. Un ejemplo de esto se aprecia en la vocación de San Antonio, padre del monacato. Antonio entró en la Iglesia y, mientras se leía el Evangelio, escuchó las palabras de Mt. 19, 21 como dirigidas a él y cambió radicalmente de vida («Vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y ven, sígueme»).

También es elocuente lo que relata San Agustín en sus Confesiones, que oyó una voz como de un niño o niña que cantaba y repetía muchas veces: «Toma y lee, toma y lee». Ejecutando lo anterior, señala que tomó el libro: “Lo abrí y leí para mí aquel capítulo que primero se presentó a mis ojos, y eran estas palabras: No en banquetes ni embriagueces, no en vicios y deshonestidades, no en contiendas y emulaciones, sino revestíos de Nuestro Señor Jesucristo, y no empleéis vuestro cuidado en satisfacer los apetitos del cuerpo”. “No quise leer más adelante, ni tampoco era menester, porque luego que acabé de leer esta sentencia, como si se me hubiera infundido en el corazón un rayo de luz clarísima, se disiparon enteramente todas las tinieblas de mis dudas” (Confesiones, L. III, cap. VIII).

San Ignacio de Loyola comenzó su conversión durante su convalecencia en Pamplona, en 1521, leyendo dos obras religiosas: la Vita Christi (Vida de Cristo) de Ludolfo de Sajonia y el Flos Sanctorum (Vida de los Santos) de Jacobo de Vorágine (Una biografía de San Ignacio de Loyola, Enrique García Hernán, Madrid: Taurus, 2013).

El Cardenal John Henry Newman se convirtió del anglicanismo al catolicismo en 1845, por la influencia que le provocó el estudio de los Padres de la Iglesia y la historia de los primeros siglos del cristianismo. Esas lecturas desafiaron sus convicciones previas (Una biografía de John Henry Newman, Ian Ker, Madrid: Palabra, 2009).

La conversión de la filósofa Edith Stein fue motivada por la lectura de la autobiografía de Santa Teresa de Ávila. En el verano de 1921, mientras se encontraba de visita en casa de unos amigos, tomó prestado el libro y lo leyó completo durante una sola noche. Al terminar, le dijo a su amiga: “Esto es la verdad”. Ese hecho dio comienzo a un camino de conversión que, mediante la ayuda de la gracia de Dios, la llevó a bautizarse en la Iglesia Católica al año siguiente (Una biografía, Chikiar Bauer, I., Edith Stein, Taurus, 2024).

Como se puede apreciar, puede ser de gran provecho proponerse un plan de lectura espiritual cristiana, para conocer el cristianismo o para profundizar en las convicciones de fe, y así suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo (CIC 2708).

 

 

Crodegango






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