"Unidos en Cristo para Evangelizar"
16 de Septiembre de 2026
La medición del aprendizaje y un chilenismo de por medio
 


¿Donde está la clave para combatir la mediocridad?

Acaba de salir el resultado de la prueba PISA, que es una evaluación internacional estandarizada que mide el rendimiento escolar de estudiantes de 15 años en distintos países. Esta medición se realiza cada tres años desde el año 2000.

A diferencia de otros exámenes, esta prueba no está diseñada a partir de los contenidos específicos de los currículos de cada país, sino que utiliza un modelo común para todos los participantes.

Como viene aconteciendo, el resultado de nuestro país sigue siendo mediocre, palabra que proviene del latín mediocris y significa de calidad media.

Utilizando un chilenismo, el resultado nuevamente fue “penca”, en cuanto ello denota algo malo. En este caso, seguimos llenos de estudiantes “penca”, de profesores “penca”, de resultados “penca”. El resultado de lo anterior es evidente: se construye un país en penca.

Como suele ocurrir, los expertos en nuestra penca educación salen a realizar sus pencas análisis. En este sentido, es bien penca tratar de empatar el punto y decir que otros están peor. También es hediondo de penca culpar a la inteligencia artificial. Es como atribuir a la aparición del bolígrafo la mala caligrafía de los estudiantes.

El problema de fondo, a mi entender, radica en la falta de definición del objetivo final que debe tener un proyecto educativo, que, en el caso de los cristianos, es la santidad personal.

En tal sentido, es pertinente recordar lo dicho por el papa Benedicto XVI en Londres, el viernes 17 de septiembre de 2010. En esa oportunidad, desde el campo deportivo del St Mary’s University College, ante miles de estudiantes y en conexión online con todas las escuelas católicas británicas (Inglaterra, Gales y Escocia), los exhortó con las siguientes palabras que, por no perder vigencia, conviene repasar.

“Cuando os invito a ser santos, os pido que no os conforméis con ser de segunda fila”, afirmó, sino aspirar a un “horizonte mayor”. “No os contentéis con ser mediocres”, les exhortó.

“Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. Él os ama mucho más de lo jamás podríais imaginar y quiere lo mejor para vosotros. Y, sin duda, lo mejor para vosotros es que crezcáis en santidad”, añadió.

“Quizás alguno de vosotros nunca antes pensó esto”, admitió, invitándoles a preguntarse “qué tipo de persona” les gustaría ser de verdad.

“Tener dinero posibilita ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero, por sí mismo, no es suficiente para haceros felices. Estar altamente cualificado en determinada actividad o profesión es bueno, pero esto no os llenará de satisfacción a menos que aspiremos a algo más grande aún. Llegar a la fama no nos hace felices”.

“La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que muchísima gente jamás la encuentra, porque la busca en los lugares equivocados”, afirmó Benedicto XVI.

Por ello, recordó, “la verdadera felicidad se encuentra en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas más profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el éxito mundano o en nuestras relaciones personales, sino en Dios. Sólo él puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón”.

El Papa quiso invitar a los jóvenes a “ser amigos de Dios”. “Cuando comenzáis a ser amigos de Dios, todo en la vida empieza a cambiar. A medida que lo vais conociendo mejor, percibís el deseo de reflejar algo de su infinita bondad en vuestra propia vida”.

“Cuando todo esto comience a sucederos, estáis en camino hacia la santidad”, afirmó el Papa.

En este sentido, les invitó a ser “no sólo buenos estudiantes, sino buenos ciudadanos, buenas personas”.

“Recordad siempre que cuando estudiáis una materia, es parte de un horizonte mayor”, añadió.

“No os contentéis con ser mediocres. El mundo necesita buenos científicos, pero una perspectiva científica se vuelve peligrosa si ignora la dimensión religiosa y ética de la vida, de la misma manera que la religión se convierte en limitada si rechaza la legítima contribución de la ciencia en nuestra comprensión del mundo”.

“Necesitamos buenos historiadores, filósofos y economistas, pero si su aportación a la vida humana, dentro de su ámbito particular, se enfoca de manera demasiado reducida, pueden llevarnos por mal camino”, explicó el Papa.

También se dirigió a los alumnos no católicos que estudian en estas escuelas, exhortándoles a “sentirse movidos a la práctica de la virtud” y crecer “en el conocimiento y en la amistad con Dios junto a vuestros compañeros católicos”.

Explicado lo anterior a través del chilenismo antes referido, queda claro que el antídoto para combatir lo penca de la educación no está en los currículos, sino en tomar conciencia de que, si no se tiene como objetivo alcanzar la santidad personal, todo lo que se haga siempre será penca.



Crodegango






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