"Unidos en Cristo para Evangelizar"
13 de Agosto de 2026
El desafío del ecumenismo
 


Este camino requiere avanzar en la verdad y la caridad, acompañado siempre por una perseverante oración por la unidad

Un asunto actual y de vivo interés es el ecumenismo, que es la búsqueda de unidad entre todos los cristianos en la única Iglesia de Cristo.

Como lo expone el Catecismo de la Iglesia Católica: “Cristo, el único Mediador, estableció en este mundo su Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y amor, como un organismo visible. La mantiene aún sin cesar para comunicar por medio de ella a todos la verdad y la gracia” (CIC 771).

A lo largo de la historia, la unidad de la Iglesia ha sufrido varias fracturas, que es justamente lo que el ecumenismo busca superar, para que todos seamos uno.

El Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965, dentro de los varios documentos que nos legó, tiene uno dedicado a este tema: el decreto Unitatis Redintegratio, promulgado el 21 de noviembre de 1964, que sienta las bases de la Iglesia Católica para avanzar en el logro de la unidad entre todos los cristianos.

El documento antes referido define al “movimiento ecuménico” como “el conjunto de actividades y de empresas que, conforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos”.

Prácticamente todos los Papas posconciliares han hecho actos concretos en favor de la unidad. Entre otros aportes, cabe destacar la primera encíclica sobre este tema en la historia de la Iglesia, dada por San Juan Pablo II el 25 de mayo de 1995, denominada Ut unum sint.

Los avances en el ecumenismo son un asunto complejo, atendiendo a que las fracturas de la unidad de los cristianos se han dado en diferentes momentos y en diferentes planos. El ecumenismo apunta a lograr una comunión, pero en la verdad (mayores explicaciones de este tema en Blanco, Pablo, Ecumenismo, Pamplona: Eunsa, 2025).

En un esquema muy simple, hagamos un recuento.

En un primer lugar, el año 1054 surge la división con los cristianos de Oriente, que ha llevado a diferenciarnos de la Iglesia Ortodoxa, la que, a su vez, está dividida en varias ramas.

En un segundo grupo, están las divisiones surgidas en Occidente, que comienzan con Lutero en 1517, con la Reforma luterana. Lo anterior suscitó el surgimiento de varias creencias cristianas protestantes o reformadas: los luteranos, los calvinistas (Suiza, países nórdicos, parte de Francia) y el anglicanismo (en Inglaterra).

En tercer lugar, de las iglesias protestantes, a su turno, surgieron luego otras divisiones, como los amish, bautistas, metodistas, pentecostales y presbiterianos.

En nuestro caso, la presencia de otros hermanos en la fe se explica por la inmigración europea, principalmente de alemanes e ingleses, que profesaban respectivamente los credos luteranos y anglicanos. A lo anterior se suma, desde mediados del siglo XIX, la llegada de “los evangélicos”, como los metodistas (que datan de 1909) y los pentecostales.

Cada uno de esos credos, aunque son cristianos, no conciben al cristianismo teológicamente de la misma forma. Aunque hay puntos de encuentro (en moral y doctrina social), son los aspectos dogmáticos los que reclaman un profundo y sincero diálogo en la verdad y la caridad. Centra muy bien este tema lo dicho por el Papa Benedicto XVI, en su visita a Alemania: “[…] La fe no es una cosa que nosotros fabricamos o concordamos. Es el fundamento sobre la cual vivimos. La unidad no crece mediante la ponderación de ventajas y desventajas, sino profundizamos cada vez más en la fe mediante el pensamiento y la vida”.

Para entender de qué se trata esto, la Iglesia Católica declara que son siete los sacramentos: bautismo, confirmación, Eucaristía, orden sacerdotal, confesión, unción de los enfermos y matrimonio. En los otros credos, la explicación de la teología sacramental es diferente, al reducir su número o, derechamente, no admitir que lo sean, como acontece con el matrimonio.

Para la Iglesia Católica, el Papa es el sucesor de San Pedro y es la cabeza de la Iglesia. En la Iglesia Católica existe sucesión apostólica, rasgo que no está presente en los otros credos cristianos. La falta de jerarquía explica muchos rasgos de las iglesias protestantes o reformadas.

Como lo expone la encíclica Ut unum sint: “88. Entre todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, la Iglesia católica es consciente de haber conservado el ministerio del Sucesor del apóstol Pedro, el Obispo de Roma, que Dios ha constituido como «principio y fundamento perpetuo y visible de unidad», y que el Espíritu sostiene para que haga partícipes de este bien esencial a todas las demás (…)”.

En suma, el ecumenismo merece mucha atención y, todavía más, perseverante oración.



Crodegango






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