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El 20 de agosto se estrenó en Chile la película francesa “Sagrado Corazón. Su reino no tendrá fin”, dirigida por Steven y Sabrina Gunnel. A través de recreaciones históricas y testimonios contemporáneos, la película recorre las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María Alacoque, ocurridas entre 1673 y 1675 en Paray-le-Monial, Francia, y explora por qué ese mensaje continúa interpelando a millones de personas más de tres siglos después.
Santa Margarita María Alacoque fue una religiosa perteneciente a la Orden de la Visitación de la Virgen María, que ayudó a propagar el culto al Sagrado Corazón de Jesús.
En la hagiografía de esta santa se relata que, en la festividad de San Juan Evangelista de 1673, sor Margarita María estaba en adoración ante el Santísimo Sacramento. En ese momento tuvo el privilegio particular de la primera de las manifestaciones visibles de Jesús, que se repetirían durante dos años más, todos los primeros viernes de mes. En 1675, durante la octava del Corpus Christi, Jesús se le manifestó con el corazón abierto y, señalando con la mano su corazón, exclamó: “He aquí el corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su amor. Y en reconocimiento no recibo de la mayoría sino ingratitud”.
Las extraordinarias visiones con que fue favorecida le causaron, al principio, incomprensiones y juicios negativos, los que, con gran fortaleza, pudo superar, hasta ver, al final de sus días, difundida la devoción al Corazón de Jesús.
Para entender más de este tema que el cine contemporáneo viene a revivir, recordemos la encíclica Haurietis Aquas, dada por el papa Pío XII en 1956, sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús, donde se sintetiza la historia de esta devoción:
“26. Si queremos indicar siquiera las etapas gloriosas recorridas por este culto en la historia de la piedad cristiana, precisa, ante todo, recordar los nombres de algunos de aquellos que bien se pueden considerar como los precursores de esta devoción que, en forma privada, pero de modo gradual, cada vez más vasto, se fue difundiendo dentro de los Institutos religiosos. Así, por ejemplo, se distinguieron por haber establecido y promovido cada vez más este culto al Corazón Sacratísimo de Jesús: san Buenaventura, san Alberto Magno, santa Gertrudis, santa Catalina de Siena, el beato Enrique Suso, san Pedro Canisio y san Francisco de Sales. San Juan Eudes es el autor del primer oficio litúrgico en honor del Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta solemne se celebró por primera vez, con el beneplácito de muchos Obispos de Francia, el 20 de octubre de 1672”. “Pero entre todos los promotores de esta excelsa devoción merece un puesto especial Santa Margarita María Alacoque, porque su celo, iluminado y ayudado por el de su director espiritual —el beato Claudio de la Colombiere—, consiguió que este culto, ya tan difundido, haya alcanzado el desarrollo que hoy suscita la admiración de los fieles cristianos, y que, por sus características de amor y reparación, se distingue de todas las demás formas de la piedad cristiana”.
El lanzamiento de esta película en Francia generó un debate público, por estimar que sus afiches de promoción en los espacios de transporte público no eran procedentes por ser un filme confesional; en Marsella, una de sus exhibiciones fue suspendida, medida que luego se revirtió por la justicia francesa.
La visceral reacción del fanatismo laicista en contra de esta película se explica por el interés que algunos tienen en impedir lo que el papa Pío XII señala, en la encíclica antes referida, como el fin de esta devoción católica: “(…) poner una firme muralla contra las impías maquinaciones de los enemigos de Dios y de la Iglesia, y también hacer que las familias y las naciones vuelvan a caminar por la senda del amor a Dios y al prójimo (…)”.
Contra todo pronóstico, la película ha sumado a miles de espectadores en Europa.
Aprovechemos esta oportunidad para asistir a las salas de Cinépolis de Santiago, Antofagasta, Temuco y Puerto Montt, que exhibirán una película que debe alimentar nuestra fe.
Crodegango