"Unidos en Cristo para Evangelizar"
23 de Marzo de 2022
La defensa del derecho a la vida como escándalo
 


Para entender el alcance y los efectos reales del debate que se da en la Convención Constitucional, no se puede dejar pasar las palabras de una conocida periodista-convencional.

Al momento de aprobar la norma que impone al Estado el deber asegurar las condiciones para “una interrupción voluntaria del embarazo”, afirmaba: “Me revelo contra quienes se oponen al aborto argumentando que están a favor de la vida. Esta es una afirmación de una violencia extrema que humilla y descalifica a quienes creemos que toda mujer tiene derecho a un aborto seguro, pero por sobre todo significa desconocer el dolor de millones de millones de mujeres, víctimas de una cultura y una legalidad que por siglos no ha considerado sus derechos…”.

Su alocución es expresiva del profundo cambio cultural que algunos propugnan sobre el derecho a la vida, si se aprueba la nueva Constitución. De haber pertenecido a un sistema donde la legalidad por siglos protegía la vida del que está por nacer, nos moveremos a la posición inversa. Las palabras de la convencional también anticipan lo que significará para nuestra convivencia aprobar un precepto de esas características, al pretender fijar el programa ético vigente en una sociedad. Los que defienden la vida pasarán a ser los violentos, no los que eliminan a los miembros indefensos de la familia humana.

El tema todavía es más profundo y conviene anticipar las consecuencias prácticas, si pasamos a ser considerados como “los violentos”, por defender el derecho a la vida. La reacción primaria será la prohibición de cualquier actividad que se oriente a garantizar el derecho a la vida, como ha sido la tónica de distintas organizaciones, compuesta normalmente por jóvenes valientes y decididos.

Si el derecho que queda amparado en la nueva Constitución es el de aborto, todo se invierte o queda al revés. Como lo reconoce honestamente la constituyente, lo que se debe empezar a superar a partir de la nueva regulación será esa legalidad que por siglos no ha considerado el derecho de las mujeres a abortar en toda su extensión.

Ahora, como la ideología de género que inspira todo esto es inequívocamente totalitaria, el legislador no tardará -en cuanto tenga la mayoría parlamentaria suficiente- en imponer sanciones penales a los que se manifiesten en contra del aborto, por ejemplo, si ha tratado de disuadir a una mujer para que se lo practique entregándole un folleto, un libro, o al emitir una opinión en un programa de radio o TV, etc. En España avanza, a paso firme, una reforma al Código Penal que sanciona al que hostigue o coarte la libertad de una mujer que pretenda ejercer su derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, promoviendo, favoreciendo o participando en concentraciones en las proximidades de lugares habilitados para interrumpir embarazos, causando un menoscabo en la libertad o intimidad de esta. Lo anterior significa, por ejemplo, que rezar el Santo Rosario, ponerse a rezar de rodillas afuera de una clínica abortiva o asistir a una marcha “pro vida” serán acciones dignas de castigo.

Debemos enfrentar esto con una profunda esperanza cristiana. La palabra final todavía no está dicha, pero es evidente que tenemos que trabajar para que una propuesta surgida de las concepciones individualistas liberales y de los colectivistas totalitarios, hermanadas para estos efectos en la Convención Constitucional, no pueda prosperar.

No está de más recordar que la Doctrina de la Iglesia ha insistido sobre este tema ininterrumpidamente durante dos milenios. Para animarnos a cumplir nuestro deber en la hora presente y abandonar nuestra falta de compromiso e incoherencia, recordemos algunos testimonios de los que debemos defender sin complejos de ningún tipo.

En los primeros años de la expansión del cristianismo, es obligatoria la referencia a Tertuliano, abogado nacido en Cartago, hacia el año 155. En su obra “El Apologético” sobre este tema señala: “no solo nos está absolutamente prohibido el homicidio, sino que nos está prohibido también destruir al concebido, cuando todavía la sangre lo alimenta en el seno materno para formar un hombre. El impedir el nacimiento es un homicidio anticipado; y no hay diferencia entre quitar la vida ya nacida o destruir la vida en el nacimiento: también es hombre el que ya va a serlo, como todo el fruto está ya en la semilla”.

- “(…) todo ser humano, aunque sea el niño en el seno materno, recibe derecho a la vida inmediatamente de Dios, no de los padres, ni de clase alguna de la sociedad o autoridad humana. Por eso no hay ningún hombre, ninguna autoridad humana, ninguna ciencia, ninguna 'indicación' médica, eugenésica, social, económica, moral, que pueda exhibir o dar un título jurídico válido para una disposición deliberada, directa sobre una vida humana inocente; es decir, una disposición que mire a su destrucción, bien sea como fin, bien como medio para otro fin que acaso de por sí no sea en modo alguno ilícito (…)”. (Discurso de Pío XII a las matronas en 1951).

En tiempos recientes es ineludible recordar al valiente del beato Clemens von Galen (1878-1946), Obispo de Münster (Alemania). Se le recuerda por rechazar públicamente el programa de eutanasia de los nazis. Repudió con valentía el programa de exterminio que esa ideología totalitaria (como lo es hoy la de género) proponía para asesinar a personas con discapacidad, enfermos mentales, personas con deformidades, con síndrome de Down y enfermos que no tenían cura. En 2005 fue beatificado por el Papa Benedicto XVI. El pueblo fiel lo recuerda por su decisión como el “León de Münster”. Como indica su biografía, “fue un hombre de fe profunda y muy piadoso, como lo atestiguan sus cartas. De su oración profunda sacaba fuerza para su inquebrantable resistencia a la injusticia e inhumanidad de los poderosos nacionalsocialistas y para su acción pastoral. Sigue siendo también hoy modelo para afrontar la “dictadura” de la moda o de la opinión pública, y enseña que se debe sacar la fuerza para ello de la fe personal y de una religiosidad auténtica”. (Fuente: Vatican News.).

Nuestra participación en la defensa del derecho a la vida es un deber. Pidamos para ello una especial intercesión a la Virgen del Carmen, Patrona de Chile, para que recibamos las gracias que nos hagan fuertes y decididos y así poner todos los medios que eviten que pueda prosperar la iniciativa que busca erradicar el indiscutido derecho a nacer, que toda Constitución sensata y respetuosa de Dios debería garantizar.

Crodegango






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