"Unidos en Cristo para Evangelizar"
28 de Abril de 2022
El amor a la verdad
 


La pregunta por la verdad es una de las interrogantes más relevantes que debe enfrentar toda persona durante su vida.

No es necesario pasar por una facultad de humanidades o de filosofía para advertir que la interrogante es permanente. Basta que nos equivoquemos en una opción para descubrir que en tal decisión no estaba “la verdad”, sino todo lo contrario. 

Cuando coincide lo que pensamos con la realidad significa que hemos encontrado la verdad. Por ejemplo, al que en su infancia le explicaron que los niños los traía la cigüeña, tarde o temprano tendrá que descubrir que existe una discordancia entre lo que su mente cree y una realidad biológica que revela que los niños nacen del fruto de la concepción.

No existe ninguna área de conocimiento vinculada a la existencia del hombre donde la pregunta por la verdad no aparezca. La ciencia, la historia, la antropología, la biología, la política y por cierto la teología. 

En el plano de la teología, que es la ciencia que nos revela los designios que Dios quiere para el hombre, debemos leer con mucha seriedad lo que Jesús nos dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 6, 14). Al interpretar esas palabras, san Juan Pablo II afirmaba, “la fe cristiana le ayuda [al hombre] ofreciéndole la posibilidad concreta de ver realizado el objetivo de esta búsqueda. En efecto, superando el estadio de la simple creencia, la fe cristiana coloca al hombre en ese orden de gracia que le permite participar en el misterio de Cristo, en el cual se le ofrece el conocimiento verdadero y coherente de Dios Uno y Trino. Así, en Jesucristo, que es la Verdad, la fe reconoce la llamada última dirigida a la humanidad para que pueda llevar a cabo lo que experimenta como deseo y nostalgia" (Fides et Ratio Nº 33).

A la Iglesia, por ser depositaria de la Revelación de Jesucristo, le compete invitar a todos al descubrimiento de la verdad, que no es otra que el encuentro del hombre con Jesús, puesto que en ello radica la verdadera sabiduría. Como la verdad es la cúspide de lo real y el fin último de todo hombre, descubrir a Cristo es la única forma de conseguir su felicidad plena. 

En este proceso de búsqueda los católicos no tenemos que olvidar que no son incompatibles la fe y la razón. Por el contrario, cuando fe y razón se separan, no encontraremos la verdad. Veamos esto con un ejemplo. El avance de la astronomía revela que la tierra es redonda. Sin embargo, algunos que hacen una lectura literal de la Biblia defienden que la tierra es una planicie y se alistan en el terraplanismo. En ese caso, la invocación de la fe con prescindencia de la razón lleva a sostener algo que la inteligencia del hombre ha demostrado es diferente. Lo mismo se puede señalar de las propuestas de la ideología de género, que se empecinan en negar que Dios creo hombre y mujer. Como se actúa a espalda de esa verdad, se sostiene que Pedrito tiene dos papás o dos mamás, proclama ideológica que no coincide ni con la fe, ni con la razón.

También constituyen peligros latentes para compatibilizar fe y razón actitudes reduccionistas, como las que provienen del cientificismo, que solo acepta como forma de conocimiento el de las ciencias positivas. O el pragmatismo, que desde el relativismo o de las ideologías prescinde de aplicar los principios morales para justificar soluciones incompatibles con lo que la fe enseña sobre la dignidad del ser humano.

Para entender como compatibilizar fe y razón es pertinente recordar la explicación de la Carta Encíclica de San Juan Pablo II, Fides et Ratio, al señalar: 

“65. La teología se organiza como ciencia de la fe a la luz de un doble principio metodológico: el auditus fidei y el intellectus fidei. Con el primero, asume los contenidos de la Revelación, tal y como han sido explicitados progresivamente en la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio vivo de la Iglesia. Con el segundo, la teología quiere responder a las exigencias propias del pensamiento mediante la reflexión especulativa (…).

66. En relación con el intellectus fidei, se debe considerar ante todo que la Verdad divina, «como se nos propone en las Escrituras interpretadas según la sana doctrina de la Iglesia», goza de una inteligibilidad propia con tanta coherencia lógica que se propone como un saber auténtico. El intellectus fidei explicita esta verdad, no solo asumiendo las estructuras lógicas y conceptuales de las proposiciones en las que se articula la enseñanza de la Iglesia, sino también, y primariamente, mostrando el significado de salvación que estas proposiciones contienen para el individuo y la humanidad. Gracias al conjunto de estas proposiciones, el creyente llega a conocer la historia de la salvación, que culmina en la persona de Jesucristo y en su misterio pascual. En este misterio participa con su asentimiento de fe”.

Sintetiza lo anterior la Encíclica señalando que: “Es necesario, por tanto, que la razón del creyente tenga un conocimiento natural, verdadero y coherente de las cosas creadas, del mundo y del hombre, que son también objeto de la revelación divina; más todavía, debe ser capaz de articular dicho conocimiento de forma conceptual y argumentativa. La teología dogmática especulativa, por tanto, presupone e implica una filosofía del hombre, del mundo y, más radicalmente, del ser, fundada sobre la verdad objetiva” (nº 66 FR).

Pidamos en esta etapa de preparación a Pentecostés que el Espíritu Santo nos abra la inteligencia para descubrir la verdad que sabemos, comienza siempre con el encuentro personal con Jesucristo, Nuestro Señor.

Crodegango

 






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