"Unidos en Cristo para Evangelizar"
10 de Mayo de 2022
Un grave problema en desarrollo: las vocaciones sacerdotales
 


La falta de vocaciones sacerdotales es uno de los principales problemas que actualmente tiene la Iglesia Católica en Chile.

La brecha entre el número de fieles y el de sacerdotes se acrecienta cada día más, con todo lo que ello significa para la atención pastoral y sacramental.

Interrogados un grupo de jóvenes por las causas que, a su juicio, explican esta tendencia las razones que esgrimen son: “el trabajo de los curas es muy anticuado”; “nadie invita a ser sacerdote”; “la visión negativa de la Iglesia, especialmente por los escándalos sexuales”; “el daño de imagen que han producido algunos grupos religiosos que reducen a los curas en activistas políticos”; “por la presión social, que no favorece al sacerdocio, por su falta de relevancia social”; “por el aire de superioridad que se han dado algunos presbíteros”; “por lo exigente del celibato”; “por la hipersexualización que predomina en la sociedad”; “porque los curas no van a fiestas”. Examinados sobre la forma revertir la situación, otro grupo sugirió: “mejorar la imagen de la Iglesia”; “profundizar en la formación espiritual”; “hacer una purga interna y sacar a los curas que dan mal ejemplo”.

Varios de los problemas antes descritos han sido abordados por la Iglesia de manera directa y radical. Los cambios a la legislación canónica es una realidad desde hace varios años. Entre otros documentos han abordado este asunto la Carta Apostólica “Vos estis lux mundo”, promulgada por el Papa Francisco el 2019, donde reconoce que: “los delitos de abuso sexual ofenden a Nuestro Señor, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas, y perjudican a la comunidad de los fieles. Para que estos casos, en todas sus formas, no ocurran más, se necesita una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia, de modo que la santidad personal y el compromiso moral contribuyan a promover la plena credibilidad del anuncio evangélico y la eficacia de la misión de la Iglesia. Esto solo será posible con la gracia del Espíritu Santo derramado en los corazones, porque debemos tener siempre presentes las palabras de Jesús: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5).  Aunque ya se ha hecho mucho, debemos seguir aprendiendo de las amargas lecciones del pasado, para mirar hacia el futuro con esperanza”. La Conferencia Episcopal en Chile ha dictado normas y protocolos que se han hecho cargo de este tema. Hay que esperar que las medidas adoptadas permitan remover este escollo que, objetivamente, ha afectado directamente el discernimiento vocacional de futuros sacerdotes.

Respecto de las otras causas que afectan la vocación, se advierte un desconocimiento de la figura del sacerdote en la Iglesia Católica. El “cura” no es un funcionario que hace carrera; el sacerdote recibe su condición por la administración de un sacramento -el del orden sacerdotal-, al que son llamados algunos por la gracia de Dios. El sacerdote es un apóstol que ha decidido participar, de una manera directa y radical, en la misión de Cristo; su objetivo final es intermediar entre Dios y los fieles para ayudar a que todos lleguen al cielo. Se equivoca el que concibe al sacerdocio como un lugar para desarrollar su vocación política, social o para ascender socialmente o ejercer una cuota de poder. 

Todavía más equivocado está el que cree que “haciéndose cura” podrá dar un mejor cauce a tendencia homosexual. Respecto de este último punto, la doctrina enseña que, “(…) la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay. Dichas personas se encuentran, efectivamente, en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres. De ningún modo pueden ignorarse las consecuencias negativas que se pueden derivar de la Ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas“. (Congregación para la Educación Católica: "Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las órdenes sagradas", 4 de noviembre de 2005). (www. vatican.va).

El sacerdocio no una carrera u oficio equiparable a las que actualmente existen como alternativa para lograr un desarrollo personal y servir en la sociedad. La equiparación del sacerdote con otras profesiones se explica por la visión profesionalizante, propia de nuestra época, donde se tiende a medir todo por la obtención de “un cartón” profesional. Se debe ser enfático en este punto: la vocación al sacerdocio es una llamada de Dios a personas ciertas y determinadas que han recibido el don gratuito de la fe. Como la fe no es algo que inventa o se finge, los convocados a seguir este camino son aquellos que han sido bendecidos con un encuentro personal con Jesucristo, a través de las infinitas formas en que actúa la gracia. Es deber de la comunidad ayudar a que el soplo del Espíritu Santo llegue a nuestros jóvenes. 

Es efectivo que una sociedad neo pagana, como la nuestra, caracterizada por la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual, no facilita que se puedan descubrir las vocaciones sacerdotales. De igual forma, el ambiente hipersexualizado y hedonista no contribuye a discernir una vocación. La sola referencia a la castidad a muchos le parece como algo imposible de vivir porque cultivan una estrecha concepción de la libertad humana. 

También en este fenómeno se debe considerar la falta de fervor que afecta a muchas familias católicas, que se han adormecido por una visión materialista de la vida. Los padres tienen más interés que sus hijos, dominen idiomas a que concurran a cursos de formación teológica. Es más fácil que se hagan esfuerzo por adquirir entradas a los cuartos de final de la Copa Libertadores que comprar libros de formación espiritual para formar a los hijos doctrinal y espiritualmente. 

Muchos católicos están disponibles para que los hijos del vecino sean los sacerdotes que hoy necesitamos, pero no los suyos. Nos ahorra mayores explicaciones la película italiana exhibida algunos años atrás, “Si Dios quiere”, en la que se narra la historia de Tomasso, un cardiólogo ateo y liberal, que se oponía férreamente a la vocación de su hijo. 

El problema descrito está en pleno desarrollo y debe ser enfrentado con la esperanza propia de los cristianos. Esto debe llevar a que lo asumamos en toda su magnitud. Como bien lo señalaba San Alberto Hurtado: “El problema de la vocación sacerdotal es un problema cristiano en todo el sentido de la palabra, que interesa no solo a unos cuantos escogidos, que podrían estudiar su vocación, sino que es un problema de todos los cristianos: Problema de los padres que quieran dar educación cristiana a sus hijos; problema de los jóvenes que necesitan un guía en sus años difíciles, para que los dirija en sus crisis de adolescencia; problema de los pobres que han menester de un padre que se interese por sus necesidades; problema de los que aspiran a formar un hogar, que necesitarán guías de sus conciencias, directores espirituales; problema de los que no tienen fe, problema que ellos no perciben, pero por eso es aún más pavoroso, que necesitan de alguien que desinteresadamente les tienda la mano; problema de los enfermos que buscarán en vano quien les aliente a entrar serenos en la eternidad, y quien consuele a sus parientes y amigos”.

“Toda la vida cristiana está llena del sacerdote, y todos debieran interesarse porque su número sea cada vez mayor y, sobre todo, porque aumenten en espíritu”.

“Santos, pero también muchos, porque la actividad apostólica de cada hombre tiene un límite, y una vez sobrepasado ese límite, sus fuerzas no dan para más… y quedarán los demás sin ningún auxilio en sus necesidades”.

Pidamos a Santa María, que es la Reina de los Apóstoles, que nos ayude a que muchos jóvenes descubran la vocación sacerdotal. 

Crodegango

 






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